El hilo rojo

Alguien ha empezado a tirar del hilo rojo escarlata y yo ruedo como si fuera una peonza, quietecita en mi sitio, sin atreverme a decir nada. Mi cuerpo simplemente gira y el hilo sigue su curso, moldeándome como a tantos otros. Y yo me dejo, porque eso es lo que se espera que haga. Sin embargo, cuando el sistema se para y yo ya no giro, el espejo frente a mí me devuelve mi reflejo, pero no me veo a mí, soy exactamente igual que los cientos de capullos que hay entorno a mí.

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