El monopolio de lo blanco

Durante los años felices los niños de España estuvieron alimentándose de grandes dosis de leche de vaca. Había tantas, lector, que ibas al supermercado y podías escoger la que quisieras porque, por una vez,  la humanidad había hecho del color blanco un auténtico monopolio de la salud: leche fresca, leche entera, leche semisdesnatada, leche con Omega-3, leche enriquecida en calcio, leche con fitoesteroles…Los ancianos noqueados tenían su leche. Los enfermos del corazón, también los de amor, tenían su leche. Los bebés de 0 meses, al llegar al mundo, tenían su leche. Y las señoras con osteoporosis tenían la curación asegurada en recipientes de leche de color rosa porque para nosotras, las mujeres, dicen que todo ha sido siempre de color rosa. Ya lo cantaba Edith Piaf, una niña extremadamente pobre, sin leche. Adicta al alcohol, a los hombres y a la vida. La vie en rose, decía, porque con ella no podía nadie, salvo el cáncer que un día la mató.

Yo fui una de aquellas niñas felices de los años noventa. Barcelona 1991. Desde entonces tomo dos vasos de leche al día. No me he vuelto una chiflada, pero escribo poesía.

Estaba llena de vida. Crecí sana. Algunos bebíamos y bebíamos hasta inventarnos juegos que ni los niños tableta y smatphone de hoy serían incapaces de imaginar. No teníamos teléfono móvil ni a ninguna Dora la exploradora que nos indicara el camino de vuelta a casa, pero ahí estábamos llenos de tanta luz y de litros y litros de leche en sangre.

Hoy aquellos niños han crecido. Son mis amigos, caminan junto a mí por las calles pero  ya no aman la leche. «Lo blanco no», me dicen. «Me han declarado intolerante». Se sientan, me miran a los ojos, derrotados, y me gritan «basta, no puedo más». Se acabó. Millones de cuerpos saturados durante tantos años son ahora expoliados. Algo se ha muerto en todos ellos y no consigo saber el qué. Tuvieron infancia y ni siquiera fueron Edith Piaf. Son las consecuencias del monopolio de lo blanco. Inmunes al peligro, los encuentro resistiendo en las calles.

Ausentes de tanta leche, millones de cuerpos semidesnatados, caminan ahora vacíos de algo junto a mí.

 

Dulcinea se ha despertado…

“Hoy os invito a que abracéis con fuerza un libro, podéis elegir uno cualquiera, y le deis la vuelta. Sacudidlo, para que los personajes caigan y sean ellos los que os lean a vosotros. Hay almas compartidas que se reconocen a través de las letras que nos dejan. Feliz día de la pasión, feliz día del libro.”

 

Dulcinea se ha despertado con Shakespeare anudado a su melena. Ha soñado que se conocían en una noche de verano y que le ponía alas. Se ha quedado con un verso del soneto que le susurró al oído hormigueando en las pupilas.

Dulcinea ha soñado que Shakespeare la abrazaba, que le regalaba una rosa y hablaba de manchas en la boca y peregrinos que las borran con un beso. Se ha llenado los labios con sus lunares y ha guardado su número exacto debajo de la lengua.

Dulcinea se ha despertado con el canto de la alondra, mientras que, a medio camino entre los dos mundos, Shakespeare aún le acariciaba las muñecas y le suplicaba por algunos minutos más en su cama, objetando que sin duda se trataba del ruiseñor arrullando la noche.Leer más »

Confesiones

Summary: yo confieso con orgullo, con la mirada bien alta, con el corazón hinchado y con la determinación en mi alma. Yo os confieso a vosotros algo que no es secreto, pero que nadie quiere verlo.

Sed mis confidentes o gritadlo a los cuatro vientos. Pero hoy, yo confieso que…Leer más »

Capitulo 7

 

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera

Como una historia del pasado ya olvidada, vuelvo a abrir las páginas de su novela. La

de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos

novela de la Maga. La que me quita el sueño y me encuentra sin buscarme. La que me

para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que

hace estar aquí, homenajeando, a mi modo, un capítulo de su Rayuela, de mi historia

mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad

de aprendizaje. Igual que Horacio, echando de menos a una Maga que no sé muy bien si

elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco

existe o si, por el contrario, la creé después de sentir una envidia inevitable por

comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano

el cobarde de Horacio.

te dibuja.Leer más »

Bitácora

 

Te quiero más de lo que te necesito, y te necesito tanto…

-Alice Bowman, Waiting

¿Lo recuerdas? La hora que pasamos mirándonos los pies, con trescientas veinte palabras por segundo quemándonos los pulmones y muriendo en nuestra garganta. Siempre te siento en cada pulsación de mis tejidos, como antaño, cuando contaba los patrones de las colchas en las que dormías y tejía con las uñas mordidas el tapiz de Penélope. La resaca arrastra siempre mar adentro. Desde el albor de los besos. Tatúame tu estrella del norte para que no me pierda aunque sólo se vean nubes. Pero que luego se borre.

Fundamentos para escri-bi-vir

«La vida es para quien se conforma. La poesía, para quien sueña y desea…» Elvira Sastre.

El silencio no solo puede almacenarse en los labios porque existen tantos tipos de silencios como gritos contiene el mundo.

Existen los silencios impuestos. Aquellos que obligan a los pueblos a dejar las calles a oscuras. Toques de queda que vacían las calles de ruido. Ciudades petrificadas que demandan el calor intercambiable de todos los peatones que se miran, se cruzan y vigilan en todos los pasos de cebras y semáforos.

Existen silencios de derrota. Silencios que se amontonan en la puerta de los portales como la nieve de los inviernos más duros y que solo pueden apartarse con las grandes palas metálicas de las palabras.Leer más »

Candela

Candela despertó temprano. Aún con los sueños índigos pegados a las pestañas, pudo saludar a las primeras albas blancas; ellas cosían una mañana nueva, desgajada de semanas. A esa hora, el día no tenía ningún nombre. Estaba sencillo, huérfano, libre.

Candela supo que el día se llamaría como ella. Se preparó para orar y dar las gracias por la fresca oportunidad que venía con él y, al unir las palmas de las manos, el cuello le pegó un salto que la hizo boquear. Procurando relajarse, cerró la boca y tragó saliva para limpiarse por dentro. Levantó las persianas todavía más; las nuevas luces la tranquilizarían, como una caricia en la cabeza.
Inspiró y llenó los pulmones de aire templado, pero un quejido sorprendente y melódico se le escapó con el segundo salto. La garganta estaba intentando decírselo: algo se había atorado y tragar no hacía más que hervir la transformación que se le precipitaba allí dentro.

Candela no sabía qué hacer. Cada vez que quería llamar a alguien que pudiese ayudarla, no hacía más que tararear una canción que no había escuchado nunca. Pero, cuando sin quererlo, se oyó canturrear en voz baja, con susurros casi sonoros, no pudo hacer otra cosa que bajar los párpados y respirar hondo. La luna, un orbe remolón indistinto a lo demás, todavía estaba dando un paseo por el firmamento casi encendido.Leer más »