Los Grandes Días en la Vida

Ninguno de los Grandes Días en la Vida (así los llamaba mi abuela, Aurelia) habrían existido si no fuera por él. No era mi abuelo, si es en lo que estáis pensando, pero ella le amaba con tanta fuerza que nunca le importó que estuviera casada.

Me contaba que tenía una máquina de escribir que limpiaba a diario y que no vivió tanto como para ver los ordenadores, pero que siempre decía que alguien, algún día, inventaría una máquina para hacer cosas. Ella le contestaba, ante ese alarde de sentido común, que había lavadoras y televisiones, pero él sabía que no.

Cuando Aurelia (nunca le gustó que le dijese abuela) hablaba de él no lo hacía con pena y no había agua salada en sus palabras. Simplemente lo hacía constatando el hecho más lógico del mundo: el amor de su vida había muerto y ella contaba las horas para reunirse con él.

Mi padre y sus hermanos nunca entendieron esta actitud. Esperaban que el luto por su esposo superase al de su amante, pero nunca tiñó de negro su ropa.

–El luto, Mariano, el de verdad –le decía a mi padre-, se lleva dentro.

Pero ninguno de sus hijos estaba de acuerdo. El qué dirán siempre fue un miembro más en la familia de su esposo. Todos sabían que el padre de los hijos de mi abuela no era él, pero a nadie le importaba tanto como a mi propio padre, que jamás le perdonó a mi abuela ser feliz.

–De los Grandes Días de la Vida –me contaba Aurelia de pequeña-, hay que hablar con mayúsculas, para que todos sepan cuáles son.

–Pero las mayúsculas no se pronuncian. Son letras, como las demás.

–Pues entonces levanta la cabeza hacia arriba cuando hables de ellos. Esos Días son los que hacen a las personas como son.

–¿Cómo cuando nació papá?

–Sí, cada uno de los nacimientos de mis hijos fueron Grandes Días, pero ninguno como cuando le conocí a él.

–¿Entonces no quieres a papá?

Ella sonreía y me decía que había muchas maneras de querer. Yo, aun siendo una niña, entendía lo que quería decir y mi padre, que tenía canas en las orejas, no. Hoy que ha muerto Aurelia ha sido uno de los Grandes Días en la Vida, para ella y para mí. Hoy ella descansa y yo sé que ahora vuelve a ser feliz.

Sueño

El sueño te acoge como una manta, cubre tu cuerpo como si no hubiera día ni noche, solo el tiempo entre despertar y estar despierto.

Nadie entiende esto, solo piensan que es eso, un largo y profundo sueño. Que es septiembre, lunes, que la vuelta al trabajo ha sido tan dura, que las clases no van como todos piensan, que no te apetece ver caras conocidas.

Solo es sueño, te dices mientras intentas levantar de la cama.

Mas en tu interior sabes que hace mucho que dejó de ser sueño.

Placer de muerte

 

Verá, agente, mi novia y yo llevábamos, por razones lunares, una eternidad sin follar. Esa noche salimos a tomar algo. Cuando, en el baño, vio que no manchaba, nos marchamos de allí ansiosos. A mitad de camino me susurró al oído: “Te prometo que antes de que toques el pomo de tu puerta, te correrás”. Yo tuve una extraña corazonada, y le dije que prefería hacerlo ya en casa, pero ella se lo tomó como un desafío. Jamás podría imaginarme que fuera a pasar…eso. Lo sé, disculpe, no me estoy riendo. A mi novia le gusta llevar las cosas al límite, y no fue hasta que iba a rozar el pomo de casa que se puso de rodillas y me bajó los pantalones. Vivo en un cuarto, y a esas horas en el rellano vacío cualquier ruido se escuchaba amplificado. No quería molestar a mis compañeros, así que, sin que mi novia parase, me moví hasta la puerta de mi vecina.

No lo hice con la más mínima intención, ¡sería absurdo! Me había encontrado con Aurelia varias veces en el ascensor, y sabía que la pobre tenía mal la cadera y estaba prácticamente sorda, así que no la molestaríamos.

Mi novia chupó así y así, y al cabo de unos cinco minutos me corrí. Normalmente apunta hacia una de sus mejillas o su pecho, pero esa noche no le apetecería, y en el último momento me giró a un lado, y casi toda la acumulación cayó en el suelo frente a la puerta de Aurelia. Como ve usted, agente, si alguien es culpable es ella. Yo solo soy el arma, pero ella es quien apretó el gatillo.

Contándolo ahora, parece que todos fueron una concatenación inevitable de sucesos, que tenía que acabar inevitablemente en ese trágico resbalón.

Click

—No me esperes.

Cerró la puerta. El sonido del pestillo encajándose en el marco me despertó cada noche de las que viví después de ella. Un “click” que sonaba a “no me esperes”.

VACÍO

Antes por lo menos podía contar contigo, ósea conmigo mismo; más bien con el que creía que estaba dentro de mí. Pero ahora sé que ya nunca estás y me encuentro vacío. Vacío no es sentirme solo, porque para sentirme solo tendría que sentir que me falta el otro. Y ese tiempo de vincular  la ausencia del otro con un vacío triste  ha terminado. Este vacío no es triste ni alegre; este vacío es ambas cosas; es todo. Al fin y al cabo, ese anhelo era una respuesta . Y confundí amor con anhelo. ¿Cómo se puede vivir sin nadie dentro? ¿Puedo amar si no temo? ¿Cómo amar si no soy nadie? Antes creía amar todo lo que temía perder. Ahora sé que nunca perderé lo que amo. Amar y perder; amar y anhelar, amar y olvidar, amar y temer, amar y luchar, amar y mentir; son pares de verbos que se han separado. El verbo amar perdió el anhelo. Y quedó el amor sin trato. Ahora estoy aquí sin ti, amando a nadie sin nadie dentro.  Estoy vacío y ya no cabe mi idea de ti ni mi idea de mí. Te amo sin el te. Y ya nunca podré perder-te. Ya nunca podré olvidar-te. Ya nunca más podré amar-te. Amor y vacío se han unido en este cuento en blanco sin final.

Antes todo tenía un porqué. Las cosas estaban bien o mal, y ahí estabas tú para hacer un juicio sobre todo. Ahora las cosas simplemente suceden. Y ahí me paro. No saco conclusiones de nada y confío en  todo sin preguntar nada.

Ahora por las noches me duermo solo. A veces salgo en tu busca y solo encuentro cenizas de ti. Pero aún sé recordar lo que opinarías de cualquier cosa y sonrío ante la arbitrariedad de tus opiniones. Y la opinión más opinada era la opinión que tenías sobre mí. Que si yo era de tal forma o de tal otra. Siempre debía haber hecho las cosas de otra forma. ¿Y cuál era esa forma? Siempre la otra.

Miro fotografías y te veo. En cierto modo escucho el grito de tu desaparición mientras te agarras al cristal del marco. Intentas convencerme de tu existencia, pero yo ya sé que no existes. En realidad no exististe nunca. Fuiste una bola de nieve bajando la pendiente; cada vez más grande; incorporando otras bolas de nieve; espejismos como tú. Y ahora no queda nada de lo que parecía todo y siempre fue nada (Gracias, José Hierro). Algo en ti lo sabía. Sabías que no eras nada; de ahí el empeño del suicidio continuado y disfrazado.

La mañana de abril que quisiste ser río, fue la primera vez que tuve consciencia de tu no existencia. Querías desaparecer corriente abajo desde Triana, y entonces supe que no existías. La idea de la cercanía de la muerte desintegró tu personaje. Y crucé el puente de Triana hacia la nada. Y aquí me encuentro en la nada, sirviéndote todavía de caja. Supongo que en realidad nunca te irás del todo. Quizá necesite tu anécdota para mi argumento. Pero no hay obra, ni argumento, ni personajes; no hay nada tras el telón.

No apareces con la misma intensidad en todos los momentos. Huyes de los que no te gustan y persigues los que te agradan; como si pudieras elegir la idoneidad de los acontecimientos; opinas sobre lo que te sucede, y esa opinión te hace desaparecer. Es allí donde te cazo. Cuando opinas, apareces nítido y ridículo. Cuando te veo y ves que te veo, desapareces, y queda el vértigo de saberse nadie.

Comprenderás que no tengo nada contra ti y que incluso te echo de menos en este desierto de toboganes y contraofertas, pero lo cierto es que ya no existes y que nunca exististe, y que fuí, somos vacío.

Vacío como vine, vacío me iré. Y nadie nunca habitó  esta caja… vacía.

Y los labios son solo aire…

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LA ESCASEZ ES UNA EMOCIÓN

Abro la nevera: Un sobre de miso, un paquete de bacón, un litro de leche; lo cojo y compruebo que solo queda un culo, un actimel solitario; aunque tengo dos niños y solo queda uno; pero pienso que aún tengo un par de días para comprar otro y evitar una guerra, un cogollo de lechuga; que rápidamente se presenta como voluntario para la cena, un litro de cocacola y varias verduras sin pareja. Es todo lo que hay. Sonrío. Aún queda la despensa. Una lata de atún se apunta al banquete. Pongo una peli y a comer.

He dormido de puta madre. Últimamente duermo muy bien al mismo tiempo que no abandono del todo la consciencia. Duermo profundo y ligero al mismo tiempo. Me levanto fresco y despierto. Voy a la cocina y compruebo que todavía queda algo de café. Lo junto con el culo de leche y me hago un cigarro. Abro una carta de Endesa y leo: Aviso de corte. Me dan de plazo para que abone la deuda hasta el nueve de mayo. Sonrío porque sé que no es cierto. Hoy es nueve de mayo. Aún queda otra carta más antes del corte. Tengo realmente casi dos semanas antes de la interrupción educada del suministro. No me preocupo y confió que antes del corte lo pagaré. Le escribo un wasap a la propietaria de la casa diciéndole que por ahora solo puedo pagarle trescientos euros de los quinientos del alquiler, pero que más adelante se lo pagaré entero. También confío en que lo haré porque llevo casi dos años de alquiler y no le debo nada. Al final siempre llega lo que tiene que llegar. Y si no llega, pues  cuando no llegue observaré que ocurre.Leer más »

Cuentos de heroínas II: El conocimiento

Sólo hay un dios, y es el conocimiento, y una maldad, que es la ignorancia

(Platón)

En el aire quedó flotando una neblina cargada de hierbabuena y romero, que se mantuvo suspendida aún durante nueve días después de que su cuerpo se hubiera quemado. Los que asistieron a la ejecución pública aseguraron que sus chillidos sonaban a madera de roble crujiendo y crepitando.

Ella era toda matriz, cálida y honda como el vientre mismo de la tierra. Tenía los ojos llenos bosque y el tacto de su tez era de musgo y dientes de león. Desde niña se había criado acostumbrada a la soledad de la montaña. Se alimentaba sólo de tierra húmeda, hincaba los dedos entre las lombrices y se llenaba la boca. Vivía en lo profundo, sitiada por torres de libros cuyas hojas gastadas de leerse eran traslúcidas como las alas de los murciélagos que los sobrevolaban. Había consagrado su vida al estudio de las artes y las ciencias. Conocía los designios del cielo y de los hombres, los caminos recorridos y los entresijos del porvenir. Se encontraba en posesión de todos los secretos de la existencia, los llevaba escritos en el filo de los labios y se los sacudía de vez en cuando, y entonces su voz sonaba a lluvia y a lejanía.

Nunca aparecía si no la llamaban. Rompía el estrépito de la vegetación con su ropa blanca y miraba siempre a las estrellas. Los misterios se enfilaban entre sus vértebras y la mantenían erguida, susurrando secretos para los que el mundo no tenía escudos. El conocimiento es peligroso, libera el alma. Si silbabas su nombre, aparecía entre las raíces, y te concedía un pedazo de sabiduría vieja como el sonido del viento. No le negaba a nadie el saber que perseguían, pero no siempre traían consigo las preguntas acertadas. Sus designios eran semillas que sus receptores alimentaban de esperanza, odio o impaciencia; ella las plantaba y se marchaba sin hacer ruido.Leer más »

Monster

Cogió el pequeño dispositivo del suelo y se lo llevó a la nariz. El calor de un procesador más el de unas manos concentradas.

Se había tenido que marchar precipitadamente, dejando aquello atrás, pero no sería capaz de alcanzarla. Eso lo tenía claro, ya estaba muy lejos. Aunque la aleación metálica aún conservara trazas del calor de su sangre.Leer más »

La amistad.

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Es en estos momentos malos, en los que la tierra te ha tragado, cuando se disipa el misterio de quienes sólo fueron el río que pasó momentáneamente por tu lado y quienes son el mar que permanece en su lugar… Quizás el mar es más difícil de descifrar, sus olas a veces aparecen y otras tantas tardan en resonar con toda su inmensidad. Pero son esas las aguas que siempre vuelven, porque a pesar de la distancia o el tiempo, son las que continuamente están.