Despertar

Me levanté con el primer sonido del despertador, que rugía sobre la mesilla de noche como un animal acorralado. Estiré el brazo y apagué con esfuerzo el endemoniado aparato. No quería despertar, pero el olor a tostadas y el sonido de las pezuñas del perro sobre el parqué no me dejaron otro remedio. Me detuve en el borde de la cama. Aún tenía la sensación de las sábanas sobre la piel y las marcas de sus pliegues dibujadas como pinturas tribales. ¿Qué había soñado? Solo sabía que ya lo había soñado antes. Sí. No podía recordarlo, pero me había dejado ese sabor en la boca. Ese a las cenizas del recuerdo incomprendido.

En la cocina no había nadie. Encontré un mensaje sobre una hoja como toda respuesta a la ausencia de los habitantes de la casa. “Feliz cumpleaños, he ido a por churros. Ahora vuelvo”. Mi estómago se quejaba sin parar. Pronto el sonido de las llaves auguró la llegada del desayuno.  Tras la repleción de grasa y azúcar decidí ir a liberar la energía sobrante. Me enfundé la ropa deportiva y los auriculares, y me fui a correr.

Una vez en el parque, mientras el paisaje se deslizaba a mi alrededor intenté recuperar aquello que había soñado. Pero no lo encontraba por ninguna parte. Tan solo trazas e imágenes sin sentido ni orden, mudas. Fue en el centro de la visualización de una de ellas, cuando una motocicleta pasó por el camino tan cerca que me obligó a pivotar hacia un lado. Rodé por la pequeña ladera de mi derecha, arañándome la piel y desgarrándome la ropa con las raíces prominentes de los árboles. Perdí el sentido del horizonte. No podía distinguir el cielo del suelo en aquel bucle. Intentaba aferrarme a la tierra, pero resbalaba entre mis dedos. Seguí rodando hasta que me frenó el muro de ladrillo que se encontraba al final de la pendiente.

Parpadeé. Estaba en el camino. La moto había pitado y me había apartado con facilidad para dejarla pasar. Podía haber ocurrido un accidente. Pero no fue así. Mi imaginación se había adelantado a los acontecimientos. Por unos instantes todo se torno demasiado real. Había palpado la gravilla y había notado como sangraba mi labio por los golpes. Eso me pareció.Leer más »