Hide

Silencio. La clave es pasar completamente desapercibido. Llevo años subiendo a los montes algunas noches en busca de animales salvajes. Suelo ir a por jabalíes, corzos y algunos lobos, pero esta vez aspiro a un botín mayor: el águila real. He estado ya algunas semanas siguiendo sus huellas y estoy seguro de que hoy, al fin, va a ser mía.Leer más »

El mito de Perséfonde

—¿Conoces el mito de Perséfone? –le pregunto a mi compañera de viaje, alguien que no sabía nada de mi existencia hasta hace veinte minutos, cuando arrancó el tren.

Niega con la cabeza, aunque ya esperaba esa respuesta. Yo también esperaba que contestara eso, la verdad.

—Era la hija de Deméter y Zeus, una cría, de tu edad más o menos. Su madre era la diosa del clima y ella de las cosechas. Un día Hades, que pasaba con su carro por donde su sobrina jugaba con sus amigas la vio y se enamoró de ella.

Leer más »

Tu recuerdo

Nota de la autora:

Al final de este comentario dejaré un enlace que te llevará a un texto narrativo. En él encontrarás el relato corto: «No pasa nada, él ésta conmigo», publicado con anterioridad en este blog aquí. Sin embargo, en esta ocasión lo utilicé para crear un relato interactivo, en el cual aparecen una serie de palabras señaladas en diferentes colores. Si cliqueas encima de ellas podrás acceder a otras ventanas en las que encontrarás: microrelatos, reflexiones, poesías, imágenes estáticas o en movimiento e incluso música. En todas estas nuevas ventanas hay una opción para volver de nuevo al relato y seguir leyendo.

Este texto no es un relato cualquiera para mí, pues habla del recuerdo, de la vida, de la esperanza, del dolor, de la familia, de la muerte y del amor fraternal que se siente por un ser querido que ya no está.

Haz click y vive la experiencia…Leer más »

Instrucciones para enfrentarse a los Siete Pecados Empresariales

Este ha sido un relato escrito por encargo para la Gala de Verano de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de Granada, cuya temática de este año son los Pecados Capitales. Para escribirlo me inspiré en un tipo de relato que me encanta del reconocido Julio Cortázar, las «Instrucciones». En este caso, las que tiene que seguir cualquier emprendedor para enfrentarse a sus siete mayores tentaciones. 

Leer más »

La boda

“El amor más sincero siempre es libre.”

 

— ¿Crees que debería casarme?

A Ruth se le infló el pecho bajo el escote de su vestido blanco y corto, y lo besó en los labios.

—Sí, ya sabes que lo creo.

Elías bajó la vista turbada al suelo, con los pensamientos tropezándose entre sí y apretó la mano con que la sujetaba.

La habitación tenía colores pálidos y ligeros, como el día que era claro y fresco pero sin brisa. La luz atravesaba las ventanas y Elías sólo podía pensar en lo guapa que estaba su amiga, con el pelo recogido con flores, las clavículas al aire y los sentidos a ras de piel y a la vista.

—Escúchame —pidió ella.

—Te escucho. —Elías sonrió son la boca cerrada y volvió a mirarla, aunque sus ojos parecían todo iris y tenía miedo de no saber salir de ellos.

—Tú la quieres.

—Sí.

—Y ella te quiere.

—Lo sé.

—Pues no hay más que hablar. Hace un día precioso para una boda.—Se sentó en su regazo y lo abrazó apretando las pestañas.

—A ti también te quiero.

—Ya lo sé. —Ruth le acarició la nuca y volvió a besarle—. Y yo, te quiero mucho.

Él tomó una de sus piernas y se la colocó detrás, con una a cada costado, para anudarla a su cintura, y dejó su barbilla en la curva del cuello de la muchacha.

—Hueles a ti.

Ruth soltó una carcajada, de las que sonaban desde la profundidad del estómago y le hacían inclinar la cabeza hacia atrás, de las que reverberaban en las paredes  y que Elías sabía con total certeza que extrañaría por encima de todo.

— ¿Y cómo es eso?

—Pues a ti. —Le pasó el aliento por el cuello y Ruth suspiró con el bello erizado y la melancolía prematura haciendo grumos en su pecho.Leer más »

Transparente

Nadia se despertó con un fuerte pinchazo en la planta del pie. Se incorporó de un salto con un aullido alarmado. Las pisadas urgentes de su madre por el pasillo culminaron cuando abrió de una brazada la puerta de su habitación con un histérico “¿Qué? ¿Qué tienes, qué te pasa?”. Nadia tranquilizó a su madre, “Nada, ha sido una pesadilla, no te preocupes”. Ella la miró con cara compungida desde el marco de la puerta. Dudó un segundo, pero luego se acercó a la cama y besó rápidamente la frente de Nadia. Su hija apretó los labios y le dio las buenas noches. Permaneció tensa escuchando las pisadas de vuelta por el pasillo y sólo se relajó cuando hubo escuchado la puerta cerrarse.Leer más »

TRANSFUGISMO DE MADRUGADA


Cuando retomo la consciencia tengo la mandíbula apretada. Con los dedos del pie derecho me  rasco los dedos del pie izquierdo. No soporto la sensación de una picadura de mosquito entre los dedos del pie. Me quedo mirando la luz del aparato repelente de insectos voladores. Un mosquito vuela alrededor como si tal cosa. En el móvil sigue sonando algún podcast. Lo apago. Me levanto y meo. Voy a la cocina y bebo agua. Son las cuatro y media de la madrugada. Regreso a la cama. Busco un podcast de los pasajes del terror del programa La Rosa de los Vientos. Suena pero no lo escucho. No puedo dormir. Me levanto y me siento en el ordenador. Escribo esto mismo. Intento vivir las palabras antes de escribirlas. Estoy mirando la pantalla ahora mismo sin saber qué decir y te imagino tumbado en la cama leyendo en el móvil y pensando que me sobra ego. Y es cierto. Pero lo tengo localizado. Temo que si lo observo más aún, desapareceré disociado en infinitos personajes. Por eso decido darle de comer. Estoy pensando que ya no soporto el aire acondicionado y que ya no siento el calor como antes. Siento menos el calor y más el frío. Cosas que mutan. Lo apago. Me enciendo un cigarro y se me pasa por la cabeza masturbarme. Pero no lo hago porque sé que es solo una medida desesperada para poder dormir o quizá para parar de escribir. Decido seguir escribiendo, y mientras espero que me venga algo intento despistaros con algunos trucos burdos. Tengo que confesaros que no tengo ni puta idea de qué significa la buena literatura. Por no saber no sé ni de estilos, ni de técnicas, ni de generaciones; ni sé distinguir un tipo de literatura de otra. He leído mucho pero sin ningún criterio. Voy dando tumbos de un libro a otro casi sin acordarme del autor del libro, y ni de coña se me pasa por la cabeza intentar diseccionarlo e interpretar por qué escribió lo que escribió, ni en qué época lo escribió, ni qué cojones aportó a la literatura; si es que aportó algo, ni qué influencias tiene. Ese tipo de cosas las dejo a los que no escriben. Tan solo sé si puedo seguir leyéndolo o no. Me doy cuenta de que no quiero seguir leyéndolo cuando comienzo a leer las páginas oblicuamente. Saltándome las páginas con ansiedad de adelantar. Entonces lo dejo. Grandes obras universales las he leído en modo oblicuo y me parecían un tostón. Por el contrario, he leído sorprendido algunas obras desconocidas de autores desconocidos. En definitiva, no tengo ni puta idea de literatura ni sé lo qué es. Ni me interesa saber qué es. De repente paro de escribir. Me pasa cuando tengo que pensar lo qué decir. Creo que es en ese justo momento, en el que el escritor para, y se pone a pensar, cuando pierde el interés. Como ahora mismo. Mejor me levanto. No sé si volveré.

Otro tema es el asunto de las comas y los puntos coma. No conozco nada tan arbitrario y subjetivo como su localización. Es completamente discrecional. He leído las normas pero va ser que no. El escritor puede encontrar razones en la misma frase tanto para poner comas como para no ponerlas. Y de cualquier forma estará bien. Antes me bloqueaba con las comas. Supongo que era por la inercia que tenía antes en clasificar todo en conveniente o no conveniente; en bueno o malo.Yo he decidido finalmente que se pongan ellas solas. Voy escribiendo y de repente el dedo pone una coma y ya está. Así está bien. Y en la poesía ya ni os cuento la paranoia. Pero la poesía es como la izquierda y se le perdona todo. Por eso escribo sobre todo poesía: Para escapar de las normas. La prosa siempre me ha parecido excesiva. Demasiadas palabras. Demasiadas reglas. Debería hacerme de izquierdas pero ya no soy de nada. Aunque me vendría bien enfundarme en el personaje; sobre todo por relajar mi inclinación a la culpa. Una persona de izquierda es siempre superior a ti y además puede hacer lo mismo que tú pero ponerle otro nombre. Es cojonudo. Definitivamente me hago de izquierdas. Así podré pensar en el cuerpo de las mujeres sin sentirme machista. Excitarse con un cuerpo de mujer siendo de derechas es horrible. Cambiando de tema que se me mosquean. Por ejemplo, los dos puntos funcionan distintos a las comas. Los que he puesto antes han sido a posteriori. Los acabo de poner. Los dos puntos también pueden ser discrecionales, pero esos no se me ponen solos. Tengo que volver para ponerlos.

Estoy pensando en un sándwich de nocilla. Me parece una idea cojonuda. Es como la paja que no me he hecho pero no es para tanto. Me voy a levantar a preparármelo. Pero ahora sé que sí voy a volver. Si lo dejáis aquí y seguís bicheando el muro no os culpo por ello. Hasta pronto si eso…

Ya estoy aquí. Mientras me preparaba el sándwich pensaba en el Brexit y en las elecciones. Reino Unido debería de salirse de Europa y Pablo Iglesias debería ganar las elecciones por mayoría absoluta. Nunca se sabe que traerá romperse una pierna. En principio parece una putada pero nunca se sabe. Pues en esto como en todo, igual, nunca sabemos nada. Lo que llegue estará bien. He dejado de tener preferencias. En serio. Al principio solo hacía como si no las tuviera, pero ahora ya no las tengo de verdad. Lo de dejar de tener preferencias y dejar de opinar es como un músculo. La palabra como también me bloquea. No sé nunca si ponerle tilde o no. Por más que leo las normas no me entero. He decidido no ponerla nunca a no ser que vea por ahí danzando un signo de interrogación o de exclamación. Volviendo a lo de las preferencias. Al principio está sobredimensionado de tantos años de opinión, pero a medida que la intención se enfoca en dejar de opinar, el criterio va debilitándose hasta que desaparece casi por completo. Vivir sin criterio por opción y no por incapacidad es nuevo. Si gana Pablo iglesias por mayoría absoluta sería muy interesante. Pero no por lo que cree  la gente. Deseo, si es que ya deseo algo, que gane. Sin acritud y sin miedo. En serio.

Pensando en el panorama político me ha venido una imagen. El parlamento es como la casa de los espejos. Todos se reflejan los unos a los otros. Yo los votaría a todos para no dejar fuera a ninguno de mis personajes, pero como no se puede, pues entonces no voto a ninguno. Ya me parece todo una broma. Un broma muy repetitiva…

Tengo sueño otra vez. Me voy a la cama. Son las cinco y pico. Quizá siga otro día o quizá se quede así. me la suda sin mayúscula al principio después de un punto; por Bukowski. Nunca repaso casi nada. Ni mi vida ni lo que escribo. Qué más da. Y no es desidia. Es discreción. Escribo sobre la marcha. Si tuviera que ponerme delante del ordenador a quebrarme la cabeza sobre lo que escribir os juro que no escribiría nada. Los poemas los escribo directamente sobre el muro de Facebook en el iphone; a veces entre semáforo y semáforo. Supongo que se notará. Y me da igual. Porque no pretendo llegar a nada. No hay sitio adonde llegar. Y además ya he llegado a NINGÚN SITIO. Que es el único sitio donde hay espacio. Buenas noches.

Ya es viernes y me voy para la playa. Ganó el Brexit. Ahora solo falta Pablo Iglesias. La cosa promete. Que os den a los que vais  por ahí dando. Hoy fluyo lo justo y no aprendo nada de vosotros. No me da la gana. Y además no me apetece y ya nunca hago lo que no quiero. Menos mal que ahora soy de izquierdas y tengo corazón. Y ya sé que los malos son siempre los otros.

Era imperdonable escribir,

vivir,

y no ser de izquierdas.

 

ELECCIONES

Nunca Jamás.

La puerta se abre con un chirrido molesto. Dentro, todo es oscuridad.

—No sé a quién habrá untado usted para llegar hasta aquí, pero debe tener mucho interés.

No le digo nada al celador mientras se hace a un lado para que pueda entrar.

—Ahora mismo es inofensivo, si necesita algo estaré al final del pasillo.

Asiento con la cabeza y el hombre cierra la puerta tras de mí. El hedor que emana de la oscuridad es repulsivo, tengo que apoyarme sobre la pared acolchada para que el olor del sudor y las heces no me haga desplomarme. Tardo unos segundos en acostumbrarme a la penumbra que reina en la habitación sin ventanas. Puedo oír su respiración pesada en un rincón del cuarto. Me cuesta un par de minutos de incómodo silencio reconocer sus facciones en la oscuridad. Tiene el pelo rubio apelmazado y húmedo, pegado a la frene. Tiembla violentamente, pero no sé si se trata de frío o de que su cuerpo echa de menos los opiáceos.

Sinceramente no me importa.

—No tiene buen aspecto, señor Petterson.

Por primera vez desde que he entrado parece percatarse de mi presencia. Me sonríe mostrándome una hilera de dientes podridos. A pesar de su edad su rostro conserva rasgos infantiles y por un momento parece un niño.

Por un momento.

—Sabía que volverías, Michael. Le saludaría, pero… —Se encoge de hombros dentro de la camisa de fuerza—. No me veo con posibilidades.Leer más »