Tu recuerdo

Nota de la autora:

Al final de este comentario dejaré un enlace que te llevará a un texto narrativo. En él encontrarás el relato corto: “No pasa nada, él ésta conmigo”, publicado con anterioridad en este blog aquí. Sin embargo, en esta ocasión lo utilicé para crear un relato interactivo, en el cual aparecen una serie de palabras señaladas en diferentes colores. Si cliqueas encima de ellas podrás acceder a otras ventanas en las que encontrarás: microrelatos, reflexiones, poesías, imágenes estáticas o en movimiento e incluso música. En todas estas nuevas ventanas hay una opción para volver de nuevo al relato y seguir leyendo.

Este texto no es un relato cualquiera para mí, pues habla del recuerdo, de la vida, de la esperanza, del dolor, de la familia, de la muerte y del amor fraternal que se siente por un ser querido que ya no está.

Haz click y vive la experiencia…Leer más »

Elementales y Cambiantes

Nota de autora: El siguiente texto es el comienzo de Elementales y Cambiantes, mi primera novela publicada con Ediciones En Huida.

 

Estaba jadeando. Había tenido uno de esos sueños que se convertían en pesadillas al despertar. En ellos veía a Ángel con más claridad de la debida. Lo veía entrar por la puerta de mi casa mirando hacia las escaleras, yo bajaba corriendo por ellas, me abalanzaba hacia él abrazándolo y él me correspondía acogiéndome entre sus fuertes brazos. Segundos después, corría y corría, pero jamás podía alcanzarlo. Solo veía su espalda que se alejaba, mis piernas me quemaban y el corazón me ahogaba. Pero sabía que era él, con su pelo rubio oscuro, su piel de un característico moreno rojizo y sus ojos color miel, sin duda, era él.Leer más »

Sobrevaloradas

Habíamos estado hablando de ese día casi todos los días desde hacía varias semanas. Marta se casaba y Laura era la encargada de preparar su despedida de soltera. La verdad es que mi relación con la novia se reducía a la clasificación de meras conocidas, en cambio, Laura y yo habíamos sido amigas en la adolescencia. Pero ya se sabe, cosas que pasan… habíamos perdido el contacto con el paso de los años.

Yo había decidido no ir a la despedida, las razones eran evidentes, nada me unía a las que asistirían a tal evento. No conocía a nadie, no eran mis amigas y además, tenía cosas que hacer en casa. Para más inri yo había sido invitada a la boda por ser la novia de uno de los amigos del novio y probablemente Marta no notaría que yo no estuviera en su despedida de soltera. Sin embargo, cada día que pasaba yo veía, vía Whatsapp, cómo el número de asistentes al evento disminuía drásticamente.Leer más »

Segunda oportunidad

Esa semana no había parado de llover. Era viernes e Irma conducía con lentitud. Un enorme atasco le impedía ir más rápido. Desde su Seat Ibiza y pese a la lluvia, podía ver el mar de coches que se extendía hasta dónde le alcanzaba la vista. Iba a llegar tarde. Venía de la oficina del paro porque justo ayer le habían echado. No le iba a dar tiempo de hacer de comer antes de que llegase Arturo a casa.

La chica se encendió un cigarrillo, le dio una calada y se concentró en el humo que salía de su boca. Irma resopló con parsimonia, miró por el espejo retrovisor y al enfocar sus ojos de nuevo en la carretera, vio algo en la cuneta. Estaba a su derecha, a unos cuatro metros de distancia. Era algo que se movía. Era blanco como una bolsa. Irma se mordió el labio inferior, una pequeña manía que tenía.

—¡Joder! —gritó.Leer más »

Hermanas

—¿Sabes lo que me ha pasado viniendo para acá? —pregunta Blanca esperanzada.

—No. —La voz suave de Elena sorprende a Blanca. Le ha respondido.

—Un policía, un policía ha intentado ligar conmigo. Pero no te creas que me lo estoy imaginando, ha sido de forma descarada. ¿Te lo puedes creer? ¡Un policía! ¿En qué mundo estamos? ¿Eso no es abuso de autoridad?

Blanca está muy nerviosa. Siempre ha mantenido la esperanza, pero hace mucho tiempo que Elena no muestra interés por nada, ni siquiera por lo que a ella le pase. Toma una bocanada de aire e intenta serenarse. Sólo ve ojos en el rostro de Elena, unos inmensos ojos redondos y azules. Espera por una respuesta, pero realmente no cree que vaya a obtenerla. Sin embargo, esa voz suave vuelve a sorprenderla:Leer más »

La amistad.

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Es en estos momentos malos, en los que la tierra te ha tragado, cuando se disipa el misterio de quienes sólo fueron el río que pasó momentáneamente por tu lado y quienes son el mar que permanece en su lugar… Quizás el mar es más difícil de descifrar, sus olas a veces aparecen y otras tantas tardan en resonar con toda su inmensidad. Pero son esas las aguas que siempre vuelven, porque a pesar de la distancia o el tiempo, son las que continuamente están.

Esperanza

La vida me susurra que deje de creer en ti. Los hechos en mi existencia casi me convencen de que no existes. La pérdida y el sufrimiento te hacen parecer un invento mal elaborado, mal pensado por la humanidad… Es en estos días, en los que dudo de ti, cuando mi risa se esconde como si no supiera salir a flote, mis ojos se humedecen con facilidad y los recuerdos se acumulan en mi mente sin dejarme pensar con claridad. Pero aún así sé que existes, que estás ahí en algún lugar, sé que el sol regresará, sé que volveré a narrar mi vida con una sonrisa y la gente se sorprenderá. Porque, ¿cómo puede esa chica contar todo eso con ese gesto de felicidad? Bueno, yo siempre he pensado que lo hago con tu ayuda… Pero oye, esperanza, no te hagas de rogar, deja de ocultarte y sal. Necesito creer en ti aunque sea una vez más.

Mi sombra.

Acababa de llegar a casa de mis padres. Mis superiores en el cuartel me habían notado ansioso, irritable y preocupado; por lo que me habían concedido un permiso temporal.

Era de noche y hacía horas que no veía a… Mi sombra. Sí, por muy raro que sonara, ella me había dejado, ahora era independiente a mí y me acechaba sigilosa para atacarme. Yo lo sabía, lo sabía bien. Sin embargo, hacía horas que había dejado de verla… ¿Había sido todo una paranoia mental? ¿Lo único que tenía que hacer era volver a casa para recuperarme? Quizás todo había sido fruto de una locura temporal.

Mis padres ya estaban dormidos. Miré detenidamente mi habitación. Las paredes blancas me reconfortaron de una manera inexplicable. En mi hogar estaría seguro. Aquí no me pasaría nada.

Necesitaba dormir, llevaba días sin hacerlo. Llevaba días vigilando mí alrededor en busca de la sombra que me acechaba. Debía descansar. Me puse ropa cómoda y me recosté sobre mi cama. Deslicé el cuchillo, que había cogido de la cocina, bajo la almohada. El olor de las sábanas me recordó una vez más que estaba en casa. Pensé que simplemente se trataba del suavizante floral que utilizaba mi madre para lavar la ropa, pero es que hasta ese detalle me decía que entre estas cuatro paredes estaría a salvo. No obstante, no quise buscar mi sombra, no quería tentar a la suerte. No me encontraba lo suficientemente fuerte como para enfrentar que algo no cuadrara.

Le di al interruptor de la pared que me quedaba a la altura de la rodilla y la luz se apagó. Tome aire y lo solté con lentitud. “Relájate, todo ha pasado”, me dije a mí mismo aferrado a mi cuchillo. Me concentré en dejar sin fuerza cada músculo de mi cuerpo. Empecé por las piernas y fui subiendo. Pronto, mis ojos se cerraron y el sueño llegó.Leer más »