Verano

Tus pupilas de oro liquido

se fundieron en mis rodillas.

Era tarde. Silencio, negro y frío.

Tu sonrisa descansaba en el alzeifar

y veía pasar las golondrinas.

¿Es verano? Me preguntas

y acaricio tus cabellos,

negros, como la noche.Leer más »

Los guapos no lo hacen bien

– La primera vez que perdí la virginidad tenía 16 años.

– Joder, qué pronto. Yo tenía 19.

– Ya tía, pero es que tú estabas muy gorda, es normal.

– Y tú siempre has sido muy golfa.

– Sí, eso también.

Lucía y Susana habían pedido un par de cervezas, el lubricante social más barato que existe.

– La segunda vez que perdí la virginidad tenía 23.Leer más »

Donde juegan los monstruos

—Chico, chico.

El niño se le acerca. En el parque de un barrio obrero la gente aún confía. Quisiera haberle advertido. A él, a ese niño, digo. Y a otros tantos. Pero, ¡qué demonios! Nadie es perfecto.

No sé cómo lo hace, maldita sea. Conseguir que no le pillen. Lo otro… no sé, supongo que es cuestión de práctica. Yo siempre llevo caramelos en el bolsillo. Una vez mi mujer me lavó unos pantalones con caramelos dentro. Cuando acabó la lavadora había un cerco verdusco alrededor del bolsillo derecho.

—¿Y tú para qué te metes caramelos en el bolsillo?

Le dije que no lo sabía. Porque no lo sé, en realidad.

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Cowboy Hat (fragmento)

I

 

         Mi mente languidece en círculos sobre el filo de mi copa. Se me pegan los codos a la barra en lodazales secos de whisky y ceniza. Aún siento la pólvora picarme en la nariz.

Cuántas veces. Cuántas más.

Un gruñido me llama. Vuelvo a ser consciente de las carcajadas de los brutos de taberna, pero aún me llegan amortiguadas. Que alguien le diga a este novato que me deje en paz. El hielo se derrite y se hace uno con el vodka; ojalá se derritiese en mi cerebro y me matase un poco. Frío. Necesito frío. Este calor me adormece los músculos. Y este gilipollas me sigue gruñendo en el oído.

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