Volar.

Mucho me temo que vienen a rescatarme del abismo en el que me encuentro. ¿Debo gritarlo a los cuatro vientos, desde la maldita cama que me engulle por momentos? ¿Debe mi cuerpo marchito y desolado, sucumbir a la clemencia y el egoísmo familiar? No luchéis más, deseo descansar. El ocaso de mis días soleados ha llegado. ¿A caso no me veis? Deseo irme, no quiero que me salvéis. Dejad que la oscuridad me lleve y pueda viajar allá dónde mi alma, cansada y derrotada por la edad, me lleve. Adiós chiquillos míos, florecillas hambrientas por atarme a vuestro lado unos míseros días más… por favor, dejadme volar.

Mayo

Madre, quiero ir a la calle
antes que ese olor se vaya,
ya mismo acaba este mes,
y ese bonito naranja.
El azahar viste al aire,
madre permite que vaya.
Atardecer aproxima
la fuerza de la balada.
Cielo rojo, azul agua,
verde oliva mece al alma.
Deja que disfrute ahora,
madre de tierra sultana.