La simplicidad de la palabra

Nota de la autora: esta reflexión fue escrita en febrero de 2013. La he querido compartir exactamente igual que lo estaba en aquel momento. Porque el texto trata sobre las palabras dichas en el momento preciso, y la simplicidad con la que aparecen, que no debería ser camuflada por los años ni por las personas.Leer más »

Tu recuerdo

Nota de la autora:

Al final de este comentario dejaré un enlace que te llevará a un texto narrativo. En él encontrarás el relato corto: «No pasa nada, él ésta conmigo», publicado con anterioridad en este blog aquí. Sin embargo, en esta ocasión lo utilicé para crear un relato interactivo, en el cual aparecen una serie de palabras señaladas en diferentes colores. Si cliqueas encima de ellas podrás acceder a otras ventanas en las que encontrarás: microrelatos, reflexiones, poesías, imágenes estáticas o en movimiento e incluso música. En todas estas nuevas ventanas hay una opción para volver de nuevo al relato y seguir leyendo.

Este texto no es un relato cualquiera para mí, pues habla del recuerdo, de la vida, de la esperanza, del dolor, de la familia, de la muerte y del amor fraternal que se siente por un ser querido que ya no está.

Haz click y vive la experiencia…Leer más »

Los desconocidos

Hoy he presenciado un encuentro entre dos extraños que antes de llegar a serlo se extrañaron con pavor y furia, como si tras aquel amor ruinoso solo quedara el vacío eterno para ambos. He sido testigo de su ignorarse mutuo, como deseando que el otro no hubiera advertido la presencia propia. Como si pensaran que el paso de los años les hacía inmunes a aquella soldadura que, supuse, debía de unirles todavía aunque fuera para sentirse cerca en aquel instante.

Estudié sus gestos con detenimiento y no eran aquellos que trae el amor, espontáneos y libres ante la mirada de cualquiera. Habían adquirido el tinte grisáceo de todos los sentimientos que, por no ser buenos, pasan desapercibidos en cafeterías como aquella.

Él miraba compulsivamente el reloj de pulsera desgastado que ella, al descubrir en un vistazo de soslayo, recordó en un estuche aterciopelado que envolvieron sus manos jóvenes hace muchos noviembres. Ya no eran aquellas manos que sostenían la pequeña taza de café, maduras, rebosantes de experiencias que borraron las huellas que él dejó algún día.

En perfecta sincronía, las miradas se turnaban. Los segundos exactos de espera eran cumplidos por los ojos de ambos antes de lanzarse a la aventura de asomar la vista tras sentirse observados por el otro.Leer más »

Motor oxidado

De los tantos problemas que en nuestro mundo existen y que siempre existirán, sino iguales, parecidos, pues  para que el mecanismo de nuestra sociedad funcione se precisa de ellos, hay uno en concreto que considero ligeramente más importante. Al menos desde el lugar desde el cual yo miro, que es la perspectiva de lo que no se ve salvo gracias al sentido aparentemente irracional del instinto y las emociones. Hablo desde un punto de vista práctico, y si fuera otra la situación en la que nos encontráramos, tal vez daría mayor importancia al problema que puede suponer la supervivencia. Pero, dado que nuestra supervivencia biológica está asegurada gracias a la realidad que habitamos, y no solo eso, sino que se prolonga durante más años que en cualquier otra época de la humanidad conocida, el asunto que me inquieta hoy es la calidad de esa supervivencia. El no solo existo en este mundo y es la inercia la corriente que me mantiene con vida; sino que vivo, siendo la vida considerada como algo más que una simple ocupación del espacio e interacción pasiva con el entorno.

No hay forma concreta ni palabra única para definir el problema al que refiero, ni tengo necesidad o interés alguna en buscarla ni categorizarla; pero, henchido por el sentido práctico y limitado por las trabas de nuestra cognición y lenguaje ante la expresión de conceptos ligeramente abstractos, intentaré resumir el problema en base a algunas palabras como son el arte, cultura, sedentarismo, estímulos, impulso, muerte del alma.Leer más »

Punto de cruz

La poesía requiere, en cierto modo, tener las pupilas más grandes del mundo.

El escritor de poesía camina solo. Cuando sale de casa, deja los abrigos más mundanos y minúsculos colgados de la percha, ya que, pese a su insignificante tamaño, le pesan demasiado.
El instinto de este hacedor de palabras es punzante. No se le escapan los hilos de lana roja que le enredan con los árboles, los edificios, el alquitrán y el polvo. Sin embargo, estos hilos le cortan y despedazan en miríadas de átomos, que sirven de pasto a las gacelas y de abono a los cerezos.

Como intérprete del abismo, su vocación consiste en conocer el pensamiento que nace de habitar un cuerpo humano, una maquinaria tan perfecta y titánica. Qué supone vivir con una lengua que calla más o menos, con unas cuencas de los ojos más o menos profundas.
Para trabajar, el poeta extiende los brazos, deja caer la cabeza y se convierte en una ofrenda a la diosa, a esa diosa que le infla el cerebro de imágenes.Leer más »