El beso

Tamara tenía esa mirada felina que Raquel siempre había admirado. Era guapísima, no podía negarlo. Sus ojos verdes destacaban bajo esas negras y largas pestañas que parecían ejercer de marco como en una pintura que debe ser contemplada.

Raquel no tenía los ojos de su amiga, pero era atractiva. Siempre había sido delgada y el deporte que practicaba regularmente le proporcionaba una buena anatomía.

No obstante, el día en el que todo cambió, Raquel no pensó ni en los ojos de Tamara ni en su anatomía, sólo se inclinó y besó a la que había sido, hasta ese momento, su mejor amiga.

De seguro, Raquel, podría haberlo hecho de muchas maneras, por ejemplo, explicándole a Tamara sus sentimientos, pero no lo pensó o no se le ocurrió otra forma mejor que complicarlo todo con ese beso.

La verdad es que nunca hubiera pensando que los labios de su amiga fueran tan bien recibidos por su boca… Sin embargo, su corazón se contrajo cuando notó el empujón que le dio Tamara de malas formas, como quien aparta la basura putrefacta y nauseabunda de su lado. Los ojos de Raquel no lloraron, pero sintió la dureza del golpe como si se tratara de un demoledor huracán arrasando con toda una ciudad.

Esa fue la primera vez que jugaron a ser quienes eran.Leer más »