TRANSFUGISMO DE MADRUGADA


Cuando retomo la consciencia tengo la mandíbula apretada. Con los dedos del pie derecho me  rasco los dedos del pie izquierdo. No soporto la sensación de una picadura de mosquito entre los dedos del pie. Me quedo mirando la luz del aparato repelente de insectos voladores. Un mosquito vuela alrededor como si tal cosa. En el móvil sigue sonando algún podcast. Lo apago. Me levanto y meo. Voy a la cocina y bebo agua. Son las cuatro y media de la madrugada. Regreso a la cama. Busco un podcast de los pasajes del terror del programa La Rosa de los Vientos. Suena pero no lo escucho. No puedo dormir. Me levanto y me siento en el ordenador. Escribo esto mismo. Intento vivir las palabras antes de escribirlas. Estoy mirando la pantalla ahora mismo sin saber qué decir y te imagino tumbado en la cama leyendo en el móvil y pensando que me sobra ego. Y es cierto. Pero lo tengo localizado. Temo que si lo observo más aún, desapareceré disociado en infinitos personajes. Por eso decido darle de comer. Estoy pensando que ya no soporto el aire acondicionado y que ya no siento el calor como antes. Siento menos el calor y más el frío. Cosas que mutan. Lo apago. Me enciendo un cigarro y se me pasa por la cabeza masturbarme. Pero no lo hago porque sé que es solo una medida desesperada para poder dormir o quizá para parar de escribir. Decido seguir escribiendo, y mientras espero que me venga algo intento despistaros con algunos trucos burdos. Tengo que confesaros que no tengo ni puta idea de qué significa la buena literatura. Por no saber no sé ni de estilos, ni de técnicas, ni de generaciones; ni sé distinguir un tipo de literatura de otra. He leído mucho pero sin ningún criterio. Voy dando tumbos de un libro a otro casi sin acordarme del autor del libro, y ni de coña se me pasa por la cabeza intentar diseccionarlo e interpretar por qué escribió lo que escribió, ni en qué época lo escribió, ni qué cojones aportó a la literatura; si es que aportó algo, ni qué influencias tiene. Ese tipo de cosas las dejo a los que no escriben. Tan solo sé si puedo seguir leyéndolo o no. Me doy cuenta de que no quiero seguir leyéndolo cuando comienzo a leer las páginas oblicuamente. Saltándome las páginas con ansiedad de adelantar. Entonces lo dejo. Grandes obras universales las he leído en modo oblicuo y me parecían un tostón. Por el contrario, he leído sorprendido algunas obras desconocidas de autores desconocidos. En definitiva, no tengo ni puta idea de literatura ni sé lo qué es. Ni me interesa saber qué es. De repente paro de escribir. Me pasa cuando tengo que pensar lo qué decir. Creo que es en ese justo momento, en el que el escritor para, y se pone a pensar, cuando pierde el interés. Como ahora mismo. Mejor me levanto. No sé si volveré.

Otro tema es el asunto de las comas y los puntos coma. No conozco nada tan arbitrario y subjetivo como su localización. Es completamente discrecional. He leído las normas pero va ser que no. El escritor puede encontrar razones en la misma frase tanto para poner comas como para no ponerlas. Y de cualquier forma estará bien. Antes me bloqueaba con las comas. Supongo que era por la inercia que tenía antes en clasificar todo en conveniente o no conveniente; en bueno o malo.Yo he decidido finalmente que se pongan ellas solas. Voy escribiendo y de repente el dedo pone una coma y ya está. Así está bien. Y en la poesía ya ni os cuento la paranoia. Pero la poesía es como la izquierda y se le perdona todo. Por eso escribo sobre todo poesía: Para escapar de las normas. La prosa siempre me ha parecido excesiva. Demasiadas palabras. Demasiadas reglas. Debería hacerme de izquierdas pero ya no soy de nada. Aunque me vendría bien enfundarme en el personaje; sobre todo por relajar mi inclinación a la culpa. Una persona de izquierda es siempre superior a ti y además puede hacer lo mismo que tú pero ponerle otro nombre. Es cojonudo. Definitivamente me hago de izquierdas. Así podré pensar en el cuerpo de las mujeres sin sentirme machista. Excitarse con un cuerpo de mujer siendo de derechas es horrible. Cambiando de tema que se me mosquean. Por ejemplo, los dos puntos funcionan distintos a las comas. Los que he puesto antes han sido a posteriori. Los acabo de poner. Los dos puntos también pueden ser discrecionales, pero esos no se me ponen solos. Tengo que volver para ponerlos.

Estoy pensando en un sándwich de nocilla. Me parece una idea cojonuda. Es como la paja que no me he hecho pero no es para tanto. Me voy a levantar a preparármelo. Pero ahora sé que sí voy a volver. Si lo dejáis aquí y seguís bicheando el muro no os culpo por ello. Hasta pronto si eso…

Ya estoy aquí. Mientras me preparaba el sándwich pensaba en el Brexit y en las elecciones. Reino Unido debería de salirse de Europa y Pablo Iglesias debería ganar las elecciones por mayoría absoluta. Nunca se sabe que traerá romperse una pierna. En principio parece una putada pero nunca se sabe. Pues en esto como en todo, igual, nunca sabemos nada. Lo que llegue estará bien. He dejado de tener preferencias. En serio. Al principio solo hacía como si no las tuviera, pero ahora ya no las tengo de verdad. Lo de dejar de tener preferencias y dejar de opinar es como un músculo. La palabra como también me bloquea. No sé nunca si ponerle tilde o no. Por más que leo las normas no me entero. He decidido no ponerla nunca a no ser que vea por ahí danzando un signo de interrogación o de exclamación. Volviendo a lo de las preferencias. Al principio está sobredimensionado de tantos años de opinión, pero a medida que la intención se enfoca en dejar de opinar, el criterio va debilitándose hasta que desaparece casi por completo. Vivir sin criterio por opción y no por incapacidad es nuevo. Si gana Pablo iglesias por mayoría absoluta sería muy interesante. Pero no por lo que cree  la gente. Deseo, si es que ya deseo algo, que gane. Sin acritud y sin miedo. En serio.

Pensando en el panorama político me ha venido una imagen. El parlamento es como la casa de los espejos. Todos se reflejan los unos a los otros. Yo los votaría a todos para no dejar fuera a ninguno de mis personajes, pero como no se puede, pues entonces no voto a ninguno. Ya me parece todo una broma. Un broma muy repetitiva…

Tengo sueño otra vez. Me voy a la cama. Son las cinco y pico. Quizá siga otro día o quizá se quede así. me la suda sin mayúscula al principio después de un punto; por Bukowski. Nunca repaso casi nada. Ni mi vida ni lo que escribo. Qué más da. Y no es desidia. Es discreción. Escribo sobre la marcha. Si tuviera que ponerme delante del ordenador a quebrarme la cabeza sobre lo que escribir os juro que no escribiría nada. Los poemas los escribo directamente sobre el muro de Facebook en el iphone; a veces entre semáforo y semáforo. Supongo que se notará. Y me da igual. Porque no pretendo llegar a nada. No hay sitio adonde llegar. Y además ya he llegado a NINGÚN SITIO. Que es el único sitio donde hay espacio. Buenas noches.

Ya es viernes y me voy para la playa. Ganó el Brexit. Ahora solo falta Pablo Iglesias. La cosa promete. Que os den a los que vais  por ahí dando. Hoy fluyo lo justo y no aprendo nada de vosotros. No me da la gana. Y además no me apetece y ya nunca hago lo que no quiero. Menos mal que ahora soy de izquierdas y tengo corazón. Y ya sé que los malos son siempre los otros.

Era imperdonable escribir,

vivir,

y no ser de izquierdas.

 

ELECCIONES

VACÍO

Antes por lo menos podía contar contigo, ósea conmigo mismo; más bien con el que creía que estaba dentro de mí. Pero ahora sé que ya nunca estás y me encuentro vacío. Vacío no es sentirme solo, porque para sentirme solo tendría que sentir que me falta el otro. Y ese tiempo de vincular  la ausencia del otro con un vacío triste  ha terminado. Este vacío no es triste ni alegre; este vacío es ambas cosas; es todo. Al fin y al cabo, ese anhelo era una respuesta . Y confundí amor con anhelo. ¿Cómo se puede vivir sin nadie dentro? ¿Puedo amar si no temo? ¿Cómo amar si no soy nadie? Antes creía amar todo lo que temía perder. Ahora sé que nunca perderé lo que amo. Amar y perder; amar y anhelar, amar y olvidar, amar y temer, amar y luchar, amar y mentir; son pares de verbos que se han separado. El verbo amar perdió el anhelo. Y quedó el amor sin trato. Ahora estoy aquí sin ti, amando a nadie sin nadie dentro.  Estoy vacío y ya no cabe mi idea de ti ni mi idea de mí. Te amo sin el te. Y ya nunca podré perder-te. Ya nunca podré olvidar-te. Ya nunca más podré amar-te. Amor y vacío se han unido en este cuento en blanco sin final.

Antes todo tenía un porqué. Las cosas estaban bien o mal, y ahí estabas tú para hacer un juicio sobre todo. Ahora las cosas simplemente suceden. Y ahí me paro. No saco conclusiones de nada y confío en  todo sin preguntar nada.

Ahora por las noches me duermo solo. A veces salgo en tu busca y solo encuentro cenizas de ti. Pero aún sé recordar lo que opinarías de cualquier cosa y sonrío ante la arbitrariedad de tus opiniones. Y la opinión más opinada era la opinión que tenías sobre mí. Que si yo era de tal forma o de tal otra. Siempre debía haber hecho las cosas de otra forma. ¿Y cuál era esa forma? Siempre la otra.

Miro fotografías y te veo. En cierto modo escucho el grito de tu desaparición mientras te agarras al cristal del marco. Intentas convencerme de tu existencia, pero yo ya sé que no existes. En realidad no exististe nunca. Fuiste una bola de nieve bajando la pendiente; cada vez más grande; incorporando otras bolas de nieve; espejismos como tú. Y ahora no queda nada de lo que parecía todo y siempre fue nada (Gracias, José Hierro). Algo en ti lo sabía. Sabías que no eras nada; de ahí el empeño del suicidio continuado y disfrazado.

La mañana de abril que quisiste ser río, fue la primera vez que tuve consciencia de tu no existencia. Querías desaparecer corriente abajo desde Triana, y entonces supe que no existías. La idea de la cercanía de la muerte desintegró tu personaje. Y crucé el puente de Triana hacia la nada. Y aquí me encuentro en la nada, sirviéndote todavía de caja. Supongo que en realidad nunca te irás del todo. Quizá necesite tu anécdota para mi argumento. Pero no hay obra, ni argumento, ni personajes; no hay nada tras el telón.

No apareces con la misma intensidad en todos los momentos. Huyes de los que no te gustan y persigues los que te agradan; como si pudieras elegir la idoneidad de los acontecimientos; opinas sobre lo que te sucede, y esa opinión te hace desaparecer. Es allí donde te cazo. Cuando opinas, apareces nítido y ridículo. Cuando te veo y ves que te veo, desapareces, y queda el vértigo de saberse nadie.

Comprenderás que no tengo nada contra ti y que incluso te echo de menos en este desierto de toboganes y contraofertas, pero lo cierto es que ya no existes y que nunca exististe, y que fuí, somos vacío.

Vacío como vine, vacío me iré. Y nadie nunca habitó  esta caja… vacía.

Y los labios son solo aire…

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LA ESCASEZ ES UNA EMOCIÓN

Abro la nevera: Un sobre de miso, un paquete de bacón, un litro de leche; lo cojo y compruebo que solo queda un culo, un actimel solitario; aunque tengo dos niños y solo queda uno; pero pienso que aún tengo un par de días para comprar otro y evitar una guerra, un cogollo de lechuga; que rápidamente se presenta como voluntario para la cena, un litro de cocacola y varias verduras sin pareja. Es todo lo que hay. Sonrío. Aún queda la despensa. Una lata de atún se apunta al banquete. Pongo una peli y a comer.

He dormido de puta madre. Últimamente duermo muy bien al mismo tiempo que no abandono del todo la consciencia. Duermo profundo y ligero al mismo tiempo. Me levanto fresco y despierto. Voy a la cocina y compruebo que todavía queda algo de café. Lo junto con el culo de leche y me hago un cigarro. Abro una carta de Endesa y leo: Aviso de corte. Me dan de plazo para que abone la deuda hasta el nueve de mayo. Sonrío porque sé que no es cierto. Hoy es nueve de mayo. Aún queda otra carta más antes del corte. Tengo realmente casi dos semanas antes de la interrupción educada del suministro. No me preocupo y confió que antes del corte lo pagaré. Le escribo un wasap a la propietaria de la casa diciéndole que por ahora solo puedo pagarle trescientos euros de los quinientos del alquiler, pero que más adelante se lo pagaré entero. También confío en que lo haré porque llevo casi dos años de alquiler y no le debo nada. Al final siempre llega lo que tiene que llegar. Y si no llega, pues  cuando no llegue observaré que ocurre.Leer más »

¿Y AHORA QUÉ?

 

Me sentía inseguro. Todo lo que creía saber sobre el sexo se me había caído. Sentía vértigo al encuentro sexual con Amanda. Y no es que no me excitara con ella, sino que la cuestión más bien era que no quería excitarme hasta el punto de salir fuera de mí y fuera de la presencia con Amanda. Otra vez, como muchas cosas que me estaban pasando en mi vida, lo que antes era un valor ahora había pasado a convertirse en una creencia antigua a traspasar. “¡La excitación siempre había sido una cosa deseada!”, me decía a mi mismo desorientado. Y para más inri, la eyaculación tampoco era ya el objetivo del encuentro sexual. ¿Entonces qué? El sexo nos iba bien. Nos lo pasábamos bien. Entonces : ¿Porqué cambiar? Lo cierto es que el cuerpo de Amanda llevaba tiempo mandando señales de que por ahí no. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?
Comencé por suprimir o disminuir hasta un número casi anecdótico el número de pajas que me hacía y me olvidé de la pornografia. Me leí algunos libros y vi algunos videos en youtube, pero sobretodo hablé mucho con Amanda y practicamos sexo desde un lugar diferente. Pasamos por diversas etapas.Leer más »

R.I.P

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Gracias por haber sido lo que creías que eras. Pero no guardaré en la memoria tu memoria porque olvidé el resultado. Y yo estoy vivo y tú estás muerto. Descansa en paz. Hoy todo ha sido perfecto.

 

EL GIGANTE CORTA CABEZAS

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18 de diciembre de 1.959; Burbank, California. Casa materna.

Edmund no comprendía porque tenía que irse solo a dormir al sótano mientras que su madre y sus dos hermanas dormían arriba. Ahora él estaba allí solo abajo en el infierno. El cielo estaba reservado para las mujeres. Nada de lo que hacía le parecía bien a su madre. Mamá siempre le estaba gritando y riñendo. Le decía que no servía para nada y que aprendiera de sus hermanas. Ellas lo hacían siempre todo bien.Leer más »

Una noche online

Estoy en un campo hablando con mi ex. No logro escuchar lo que estamos hablando pero parece que estamos de buen rollo; una mezcla de lo que pudiera haber sido y de lo que nunca será pero que está siendo en este momento.

Me invade una sensación de partido concluido pero con insatisfacción del resultado obtenido, con la certeza de que no habrá prórroga porque además sé que el resultado sería el mismo. Es un resultado justo. Es exactamente el que tiene que ser. Suspiro.

Me muevo hacia el otro lado de la cama justo cuando aparecen mi novia y su ex. Todo esto me resulta muy extraño y a la vez familiar. Parece que todos nos conocemos y nos admiramos. Sonreímos y tenemos gestos de cariño y de aprobación y nos mezclamos en el sueño en una realidad más real que la misma  realidad. Ahora me vuelvo otra vez para el otro lado de la cama y el gato se molesta inquieto por mi inquietud novedosa. Estoy hablando algo con el ex de mi novia mientras que mi ex habla con mi novia. Es una tertulia del revés. De repente, no sé si desde dentro del personaje del sueño o desde fuera de él como el personaje real que está soñando, me muevo en la cama y veo a todos amándonos.

Y parece agradable ese sueño. En ese momento parece que se caen los prefijos y los pronombres. Se caen los ex, los mis y los tus y quedamos  solo nosotros: un nosotros a secas. La sensación de no pertenencia se me desvanece ante el desvanecimiento del sueño y el surgimiento de la otra realidad que damos por hecho como la única real.Leer más »

LOS BAÑOS DEL CARMEN 1

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Clara hablaba poco pero observaba mucho. La primera vez que la vi se estaba bañando desnuda en una pequeña playa que hay junto a Los Baños del Carmen cerca del barrio de El Palo de Málaga. Rodeada por la ciudad, este pequeño rincón permanece olvidado para la mayoría de los malagueños. Unos eucaliptos escoltan la playa y la separan de la avenida que sigue la costa por toda la ciudad. Por un lateral está delimitada por las rocas y un museo vivo de carpintería de ribera y por el otro lado hay una vieja pista de tenis y después surge sin que te lo esperes el viejo balneario.
Cuando salió del agua me quedé mirándola. Ella me miró y dejó de mirarme al instante pero volvió a mirarme y se quedó varios segundos sosteniéndome la mirada y entonces fui yo el que dejó de mirarla. Cuando volví a mirarla otra vez, ella me seguía mirando y sonrió. Yo volví a retirar la mirada. Supongo que en aquel tiempo yo todavía no podía sujetar nada y menos aún la mirada de una mujer desnuda. Me tumbé sobre las piedrecitas de la playa y cerré los ojos.
–Dime tres cosas que te gusten y tres cosas que no puedas soportar. –Me incorporé sobresaltado. Era aquella mujer desnuda delante de mí. No podía verla bien porque el sol me deslumbraba.
–¿Perdona? –dije yo incorporándome.
–Me has escuchado perfectamente, solo estás ganando tiempo para pensar la respuesta. –Estaba frente a mí sonriendo. El sol a su espalda, su cabeza provocaba un eclipse total y entonces pude ver bien su cara.
–¿Por qué quieres saberlo? –Mi bañador me hacía sentir incómodo.
– No siempre hay un porqué. Olvídalo. –Se dio la vuelta y se fue.
–¡Oye niña no te vayas!, espera. –Grité mientras la seguía. Ella se paró y se dio media vuelta. –La playa, la poesía y la cerveza–respondí.
–¿ Y las tres que no te gustan?
–Ufff… no sé. El miedo, las aglomeraciones y el pastel de pescado.
–Ja,ja,ja. ¿Qué te pasa con el pastel de pescado? Está muy bueno, a mí me encanta. En veranito entra muy bien, fresquito.
–Cosas de la infancia. ¿Cómo te llamas?
–Clara. ¿Y tú?
–Yo, Fran.Leer más »

EL MUERTO DE ATRÁS

Primero me identifiqué:
Era la ignorancia sin preguntas.
Después vino la ignorancia con preguntas:
“Mi nombre es Nacho y no sé quién soy”.
Más tarde apareció la certeza de la comparación:
“Yo no soy tú”.
Ahora regreso al principio de la preguntas
y físicamente
me sé fragmentos de nada;
pedazos de carne pegada a los huesos.Leer más »