Una semana repleta de amor

Hoy es el gran día, catorce de febrero, el día de los enamorados y del romanticismo, pero en nuestro blog hemos experimentado una semana completa llena de pasiones, lágrimas, añoranzas y felicidad.

Si os habéis pasado por aquí, no habréis podido evitar enamoraros del olor a azahar que desprende «Candela«, que es sur y se hizo río, que se abrió para no cerrarse nunca más y se dio a sí misma. Lidia nos llevó dentro de ella, con sus palabras dulces y sensoriales, que se cuelan por los poros para hacerte tocarlas y rasparte los sentidos. Nos llevó no a conocer a Candela, sino a vivirla.

Seguro que sonreísteis con «Él y Ella«, mientras la rutina de cada día transcurría y os bebíais un café y escuchabais de fondo los programas del corazón hablando de San Valentín. Apuesto que sentisteis el pequeño pellizco en el estómago cuando él se da la vuelta, para hacer trizas la monotonía. Alegría sabe como mantener viva la magia cuando todo parece devorado por el día a día. Siempre hay un hueco para el amor sin caducidad.Leer más »

Poema XX, desde otra orilla

La distancia y el tiempo son los mejores conductores para la melancolía. Tenía una colección de recuerdos, uno para cada hora. Un arsenal de nostalgias con las que esperar. Hojas sin márgenes y arena esparcida en el pelo. Era cuanto quedaba. Y, de entre todo ello, un poema y un mechero, que llegaron con un susurro desde otra orilla. Desde la playa al otro lado del océano, navegaron sus ecos, reverberando contra las rocas, grintando y agitando versos en la memoria.Leer más »

Café

— Yo es que no soy muy de llorar.

Ester le mira a través de las lágrimas que empañan sus ojos y le corren por las mejillas y sorbe por la  nariz.

—¿No te da pena?

—¿Pena? No, tía. Titanic no me da pena. Me parece un truño como la copa de un pino, para que te voy a engañar.

Ester coge el mando y le da al pause. La imagen de Leonardo di Caprio hundiéndose en las aguas heladas se congela aún más.Leer más »

Estefanía en febrero

Al contrario que al resto de los niños de su edad, a Estefanía no le gustan demasiado los fines de semana. Cuando, al sonar el timbre de las dos en punto, todos sus compañeros salen corriendo de clase, ella aprovecha siempre los últimos segundos de esa semana ya extinta para recoger uno a uno sus lápices de colores y guardarlos en el estuche. Sabe que se mezclarán una vez dentro, pero ya ha hecho de aquello un ritual, y primero busca el rojo. Más tarde el azul y luego el amarillo. En último lugar siempre va el verde. Tras los colores el sacapuntas. Y al final del todo, justo antes de cerrar la cremallera, la goma de borrar, que más que borrar emborrona de tantos colores como está teñida. Mientras realiza esa tarea y se asegura de que los demás se hayan marchado, lanza alguna que otra mirada furtiva a su maestra, que suele andar borrando la pizarra o recogiendo los libros de su escritorio. Rosa es joven y es guapa, y además tiene el pelo casi rojo, algo que a su alumna le encanta. Tras cerrar la cremallera del estuche, se dispone también a guardar sus libros y cuadernos en la mochila. Lo hace con la lentitud que trae la tristeza. No sabe por qué, pero siempre se pone triste los viernes a partir de ese momento. Y a veces siente unas ganas casi incontrolables de abrazar a Rosa. Aunque claro, jamás lo ha hecho.

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El cajón del desamor

La historia aquí relatada está inspirada en hechos reales, y sin embargo ocultos. Tan ocultos que probablemente hayan pasado desapercibidos para muchos de vosotros. Hasta ahora. Por ello, los nombres que aquí aparecen no son los verdaderos, y cualquier similitud con su vida cotidiana, lector, será una mera coincidencia.

Tin y Tina era una pareja que, ya desde el comienzo, parecían estar hechos el uno para el otro. Se criaron en el mismo lugar, y  casi en la misma fecha; tuvieron los mismos amigos y siempre viajaron juntos. Se parecían incluso en los detalles más pequeños de su aspecto (algunos, hasta habrían dicho que eran hermanos): ambos eran deportistas, y muy resistentes a los tropiezos. Eran bajitos y delgados, pero con mucha personalidad. Se querían tanto que, durante mucho tiempo, no podían estar separados el uno del otro. Pero, como todas las parejas, tenían sus diferencias; como por ejemplo que Tin era diestro, y Tina zurda. Sin embargo, esto mismo hacía que se complementaran a la perfección.Leer más »

Él y Ella

Summary: Para ellos, San Valentín era un día cualquiera. Él camina hacia el baño y ella hacia la cocina. Él se afeita con parsimonia. Ella bebe un café bien cargado. Él no ha dormido. Ella tampoco. Son ya muchos años desde que se conocieron; no había necesidad de exaltar en un día todo cuanto se confesaban diariamente. Pero quizás y solo quizás…Leer más »