Vivir en sueños

Escucho el zumbido de tu adorada moto fuera de casa y sé que te acercas. Un extraño sentimiento de desprecio hacia aquel infernal ruido me atraviesa de pies a cabeza, pero no sé decir porqué. Me visto deprisa y voy al cuarto de baño sin dejar de pensar en ti.

Te he observado tantas veces desde la ventana de mi cuarto que no es difícil imaginar lo que estás haciendo en este momento. Te imagino frenando frente a mi casa, te bajas de tu moto relajado, confiado, seguro de ti mismo, te quitas el casco y encaminas tus pasos hacia mí.

Me termino de secar el pelo con una toalla pequeña de forma frenética, siempre me impaciento cuando te escucho llegar y acabo corriendo escaleras abajo. Esta vez no es diferente, el corazón me da un vuelco… Es como si se detuviera un instante y después reanudara su marcha. Respiro de forma entrecortada, lo sé, así que intento tranquilizarme, pero inevitablemente la anticipación me puede.

La puerta de casa se abre y ahí estás… con el casco de la moto en una mano. Te pasas los dedos por el pelo de forma descuidada y dejas el casco y las llaves de la moto en la mesa de la entrada. Lo haces de forma mecánica, pausada, sin prisas, como un ritual que ya has repetido mil veces.Entonces levantas la mirada y te das cuenta que estoy parada en la mitad de la escalera. Me miras y te miro. Los ojos se me humedecen, pero no soy capaz de decir porqué. Solo sé que bajo los últimos peldaños de la escalera acelerada y avanzo hacia ti de forma precipitada en lo que me parece un salto.

Tú tienes una enorme sonrisa en tu rostro y me acoges sin pensarlo entre tus brazos, me arropas con tu cuerpo balanceándote hacia los lados y yo me quedo acurrucada en tu pecho. Siento como me aprietas fuerte contra ti y yo sólo deseo acercarme aún más. Esto no es suficientemente cerca, nunca es bastante cerca.

Levanto la mirada, veo cómo me observas e irremediablemente me pierdo en tu rostro… Me demoro en tu mandíbula, tus mejillas, tus labios, tu nariz y llego hasta tus ojos azules. Quizás alguien podría confundirse y pensar que son fríos como el hielo, pero yo los conozco y sé que son fuego, podría fundirme en ellos. Tus largas pestañas negras enmarcan tus ojos haciendo que destaque el color en ellos, por lo que no es tan difícil detenerse a admirarte.

Memorizo tus lunares una vez más, no sé porqué, pero lo hago de forma automática, como quien enumera una lista repasada mil veces antes. Me obsesiona olvidarlos, lo sé, es irracional, pero lo hago. Entonces un miedo me alerta… ¿Y si olvido tu olor? Inspiro profundamente para retenerlo conmigo. No quiero olvidarlo. Es tu olor. No puedo olvidarlo. Me concentro en recordarlo.

Frunces los labios y sonríes de nuevo.

—Mi Helena —me susurras, y de nuevo las lágrimas amenazan con inundar mis ojos y no sé porqué.

Pero entonces, sin previo aviso, me levantas del suelo y giramos dando vueltas. Pego un grito de alegría, escucho tu risa y mi risa se une a la tuya, pero callo, quiero quedarme con el sonido de tu risa, quiero que ese sonido quede grabado a fuego en mi memoria y no sé porqué.

Me dejas despacio en el suelo y mis piernas no parecen querer responder. A mi cuerpo le gusta estar apoyado en el tuyo, en contacto, sintiendo tu calidez, piel con piel, calor con calor, se llevan bien. Nuestros cuerpos se reconocen de haber pasado mucho tiempo juntos, años de relación, ahora vamos a dar el siguiente paso, nos vamos a vivir juntos. Parece un sueño y eso hace que frunza el ceño. ¿Un sueño? Sacudo la cabeza y te miro, me coges las manos y entrelazas tus dedos con los míos, balanceas los brazos haciendo que me mueva. Es un juego que te gusta hacer, me mueves y sonríes travieso.

Tu boca se ha transformado en una sonrisa pícara, es muy característica, curvas un poco los labios hacia un lado presionándolos y así, sin esfuerzo, haces que sea divertida, traviesa, juguetona.

Yo observo tu media sonrisa y me muerdo el labio, sé lo que va a pasar, vendrás a por mí o yo iré a por ti. Y así es, tu semblante se vuelve serio, tu sonrisa desaparece y tiras de mí, te abalanzas bruscamente, nuestros labios chocan como otras tantas veces, el sonido de nuestros besos me golpea en los oídos y me siento feliz. Nuestros labios se acarician, nos mordemos mutuamente en un juego de risas y el beso avanza, se profundiza. Al principio nos besamos de forma lenta y cuidada, pero rápidamente las ansias lo vuelven rudo, posesivo, desenfrenado.

Yo paseo mis manos por tu vientre, tu pecho, tus hombros, tus brazos, tu espalda, y continúo la caricia hasta llegar a tu cuello, lo rodeo con una de mis manos y entrelazo tu pelo entre mis dedos, con mi otra mano acaricio tu incipiente barba e intento acercarme aún más a ti.

Tú me rodeas la cintura con una mano atrayéndome hacia ti y con la otra acaricias mi espalda hasta llegar a mi nuca, me presionas para que me acerque aún más, siento la palma de tu mano apretándome contra ti y tu otra mano en mi cuello deslizándose hasta mi mandíbula, pero sigue su camino hasta encontrar mi pelo. Juegas unos segundos con algunos mechones, pero enseguida entierras tu mano en mi cabello húmedo. Sé que te encanta cuando acabo de salir de la ducha, siempre acabas con tus manos en mi pelo. Jadeas apartándote solo unos centímetros de mí y yo gimo como una niña pequeña, no quiero que te alejes. Ríes complacido ante mi queja y te inclinas salvando esos pocos centímetros que separan nuestros labios, acaricias los míos con los tuyos y depositas un tierno beso en ellos.

—Te quiero Helena, te quiero con locura, mi vida.

Las lágrimas vuelven a intentar agolparse detrás de mis parpados cerrados y no sé porqué.

—Con locura Alex, con locura —te respondo como lo he hecho cientos de veces.

Pero… esta vez tu nombre duele, me quema, me hiere en lo más profundo de mi alma. Un silencio aterrador se instala entre nosotros sin haber sido invitado. Siento un dolor intenso que me atraviesa el pecho, me desgarra, es como una punzada aguda que me estuviera rompiendo, como si mi pecho se replegase sobre sí mismo, como si se encogiese en mil pedazos. Duele Alex, duele.

Entonces… entonces despierto, pero durante un segundo creo que ha sido real, que ha sido tan real como la vida misma y soy feliz, muy feliz. Me parece haber sentido la fuerza de tus manos sobre mi piel en una caricia, me parece haber recorrido tus brazos con mis manos, haber sentido tu pecho bajo mis dedos, haber acariciado tu cara, tus labios. Sin embargo, esa dulce sensación sólo me engaña un momento, sólo logra confundirme un segundo, al siguiente sé la verdad, reconozco aquel sueño que se repite. Ahora lo recuerdo y sé que no estás, se que te has ido, sé que jamás podré volver a verte, sé que sólo podré tenerte en sueños que me torturan porque ya no existes, ya sólo estás en mis recuerdos, en mis sueños.

Rompo a llorar como si no hubiera un mañana, como si no hubiera pasado ya un año, como si hubiera sido ayer. Me escucho gritar desconsolada con la voz desgarrada, golpeo las sabanas, giro y me encojo tapándome la cara con mis manos. Me abrazo a mí misma impotente, intento serenarme pero no puedo, tu recuerdo amenaza con aniquilar mi cordura, aún creo poder sentir el calor de tu cuerpo contra el mío. Pasan los minutos y como siempre, poco a poco, logro acallar el llanto para convertirlo en un sonido lastimero.

Lo sé en lo más profundo de mí ser, Alex, sé que te quiero con locura, sé que la vida sigue, pero sin ti no es igual, sé que el tiempo pasa, pero curar no cura. Supongo que eso sólo sirve si la persona que se ha ido vive, supongo que así el tiempo si cura, pero en nuestro caso no, en nuestro caso el tiempo parece hacer que los recuerdos se establezcan en una niebla que a veces se despeja y a veces me ahoga.

Sin embargo, sé que volvería a torturarme con ese bello sueño, Alex. Lo haría todos los días de mi vida, amor. Lo haría si así puedo estar contigo aunque sea un segundo más de esta macabra vida, aunque sea sólo en sueños, lo haría Alex, lo haría hasta el final de mis días.

Prefiero vivir en sueños… ¿Sabes por qué? Porque te quiero con locura, con locura, amor.

Compartido antes en mi perfil de Wattpad.

Un comentario en “Vivir en sueños

  1. […] Un sueño es lo que vivimos cuando conocimos a nuestras “Espes”: una grande, una chica. Las dos con un gran corazón, con una gran fuerza; en realidad, las dos son grandes. Una es una gran poetisa; la otra es una gran romántica. Una periodista, otra maestra; las dos nos regalan besos y abrazos sin pedir nada a cambio. Una se ha vuelto francesa; la otra sobrevive al mal tiempo. Pero siempre serán ellas: Esperanza Torres, quien nos enseñó que La luz no entiende de distancias, que nos lleva en el corazón aunque Lyon ahora forme parte de ella; y Esperanza Fernández, nuestra pequeña amiga que a veces, prefiere Vivir en sueños. […]

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s