El adiós trambólico al 2015

Buenas tardes y bienvenidos al último día del 2015 de la mano de la #GeneraciónTrambólica.

Otro año que se acaba, otro año que pasa. Tal vez haya sido la misma rutina para muchos de vosotros, pero para nosotros ha significado el inicio de muchas cosas: el inicio de una amistad, de un sueño; el inicio de una tragedia, de un amor; el inicio de una sonrisa, de un abrazo… Pero sobre todo, ha sido el comienzo de nuestro proyecto.

Porque L’as cagao Lorrie Moore no fue solo un blog más, sino que fue «nuestro» blog. Un sitio donde dar rienda suelta a nuestra pasión: la escritura; un lugar donde una amistad se fortalece; un lugar donde nuestra alma crece. En definitiva, un lugar para nosotros… y para vosotros. La #GeneraciónTrambólica no existiría sin vuestro apoyo. Vosotros ya formáis parte de ella y, por lo tanto, este 2015 también ha sido vuestro año.

Desde el #BlogTrambólico, hoy, 31 de diciembre, queremos despedir este 2015 tal y como lo empezamos: con nuestros textos. ¿Y qué mejor que hacer el tradicional balance del año a través de ellos? Porque nuestras palabras no son solo palabras, sino que reflejan nuestras experiencias; esas que hemos compartido con vosotros y que, por lo tanto, ahora también os pertenecen.

Cada uno de nosotros ha seleccionado para ello aquel texto que le representa, que simboliza ese momento especial del 2015… o puede que de muchos años antes. Sin embargo, pertenece al 2015 de L’as cagao Lorrie Moore y, por lo tanto, es un recuerdo trambólico.

Y no podríamos empezar este «adiós trambólico» sin la presencia de Adriana. Porque ella es nuestra chispa, nuestra llama; y fue ella quien nos alentó a embarcarnos en esa pequeña barquita varada en el puerto y que llevaba nuestro nombre sin saberlo. Ella y su Gala representan esa fuerza que nos impulsa, esa amistad que surgió en un pasillo, ese artista que llevamos dentro aunque a veces nos cueste un poquito dejarlo salir.

La amistad, ese sentimiento recurrente que nos rodea, que nos inspira. Amistad, como ese 30 de julio que Javier Pavón nos embarcó a todos en un Día Temático donde cada visión de la misma era diferente. Cada palabra, cada texto, estaba escrito con el corazón. Corazón tan grande como el que tenía el ruiseñor del cuento de Oscar Wilde; ruiseñor tan inocente como el que mató Harper Lee y que Javier nos recuerda en su Mataré un ruiseñor. Una carta de presentación magnífica que no solo es su escritura, sino que es su personalidad. Es sueño, es escritura, es Javi, simplemente Javi.

Amistad que permanece En las buenas y en las malas, esa que Alegría Jiménez, nuestra Kisacullen, nos hizo recordar. Una historia de malentendidos, de sentimientos, de «mosqueteros»; la historia de Mario y Sandra, los personajes que se han vuelto su vida y que nacieron en el seno de este proyecto. Proyecto que ella adora, proyecto que todos aman. Proyecto de una amistad que es como el viento: simplemente «es».

Tal y como nuestro Óscar, nuestro Unique, quizás la persona más polifacética que hemos tenido la suerte de conocer. Él es espectáculo, es risa, es emoción, es… una tortuga. Pero en el buen sentido. Lo mismo nos tenía cabeza arriba que cabeza abajo; un día nos regalaba flores y al otro se iba de viaje. Y nunca podía faltar su reflexión sobre cualquier cosa, insustancial o no. Si no, que se lo pregunten a Doroteo y Crespín, esas dos compañeras tortugas que nos presentó en Un día no tan cotidiano en la vida de Doroteo y Crespín; dos voces que tenían mucho que decir al respecto. Igual que él, que no descansó hasta encontrar su Media Gallega.

Y quisimos más. No solo quedarnos en eso, en la escritura tradicional. Y Más nos traía Macmircor, nuestra Maca, nuestra querida Maca. Ella nos enseñó la sensibilidad que existía más allá del País de Nunca Jamás, más allá de un texto, más allá de un vídeo. Leer sus textos es fijarse en cada detalle, en cada nimiedad. Porque todo está ahí para ser descubierto, para ser leído, para ser «más». Ella es vida, ella es sueño; ella es más.

Un sueño es lo que vivimos cuando conocimos a nuestras «Espes»: una grande, una chica. Las dos con un gran corazón, con una gran fuerza; en realidad, las dos son grandes. Una es una gran poetisa; la otra es una gran romántica. Una periodista, otra maestra; las dos nos regalan besos y abrazos sin pedir nada a cambio. Una se ha vuelto francesa; la otra sobrevive al mal tiempo. Pero siempre serán ellas: Esperanza Torres, quien nos enseñó que La luz no entiende de distancias, que nos lleva en el corazón aunque Lyon ahora forme parte de ella; y Esperanza Fernández, nuestra pequeña amiga que a veces, prefiere Vivir en sueños.

Sueños en las calles de Manhattan es lo que vemos en las palabras de ella, de Misspeaktweat, de nuestra campeona, de nuestra Afry. Ella, que lleva la escritura a otro nivel; ella, que adora el inglés casi con la misma intensidad con la que ama los videojuegos. Para ella no existen los magos, para ella existimos nosotros y existe Jam, Manhattan. La historia con la que empezó, la historia con la que se estrenó. ¿Quizás aquí? Quizás no. No obstante, la historia en la que «El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona». Y ella sacó un cuaderno y comenzó a dibujar sus palabras.

Dibujo como el de María a los catorce. Trazos como los de Martahportilla en sus relatos, en sus poemas. Trazos con Nuevas Miradas, con mujeres descalzas. Su relato más significativo, su relato más íntimo. Marta se expuso ante nosotros como un libro abierto, como esa joven que adora Harry Potter, como esa Hermione con rizos que siempre está dispuesta a dar la cara por nosotros. Como ella, como María; como ella, como Irene.

Como esa joven scout que nunca se perderá por el bosque y siempre encontrará el camino de vuelta, aunque lo único que haya sea Plomo. Gloria siempre será nuestra chica de la mochila, nuestra artista; la chica que hace un mundo de un grano de arena, y un cuaderno de la nada. Gloomv, la hacedora de la pluma, de la pluma de L’as cagao Lorrie Moore, la de los hombres que no iban a morir. Gloria, quien habló de cultura, micros y acción en una entrevista; quien leyó con plomo y fuerza en la radio. Y nos dejó a todos helados.

Fríos como el Hielo de Carlos Segura, nuestro lunes, nuestro «deliriolunes». Un héroe como ninguno, un estudiante de Salamanca… o tan solo Nigardsbreen y su glaciar. Porque nunca te acostarás sin saber algo más a través de sus palabras: un día será El Quijote, otro día será Breaking Bad; ¿y por qué no? Incluso el final de la crisis. Porque aunque todavía no es profesor, pronto lo será… y nosotros seguiremos siendo sus mejores alumnos.

Y Todavía no se acaba. Con ella jamás podrá acabarse. Esa amistad, esa sinceridad, esa devoción. Ella es sinónimo de días de biblioteca, de sonrisas con sabor a dulces, de abrazos con calor amable. Poeta, cuentacuentos, intérprete… Amiga mía, amiga nuestra. Porque ella es Lidia Rodríguez Santana. Porque ella es anís, copla y cantimplora. Porque su voz todavía resuena en nuestra alma aquel Día de Halloween en Casa Tomada. Porque todavía no se acaba; y no se acabará nunca como el de atrás.

El de atrás como el último, como el penúltimo; como El muerto de atrás. Salcedo73 o Nacho, como lo conocemos todos. Una persona grande, el más grande de nosotros, capaz de decir mucho con pocas palabras. Amante de los poemas y microrrelatos; el que no calla, el que no muere. Y no lo hará hoy, no lo hará mañana. Hoy se despide, mañana saluda. ¿Será con un poema? No importa, seguirá siendo Nacho.

¿Quién queda? Andrés no es el último, porque los últimos serán los primeros. Nuestro trambólico deportista, nuestro campeón de natación. Nuestro necio que no es necio; Pavonelnecio. El joven que viste de rojo y azul para tirarse a la red; o para tirarla él cual Spiderman. Nuestro amigo, nuestro motero con riñonera. La riñonera, esa que es el último de los textos que compartimos en esta despedida de 2015. ¿Por qué? Por su mensaje, por su esperanza, por su humanidad.

El 2015 se va y qué nos deja. Nos deja sonrisas, nos deja lágrimas; nos regaló amistad y nos regaló un proyecto. El 2015 fue escritura, el 2015 fue de Máster. ¿Y qué le pedimos al 2016?

Quién sabe qué será; lo que quiera ser, será.

De lo que estamos totalmente seguros, es de que 2016, será un año trambólico.

¡Feliz año nuevo, trambólicos!

2 comentarios en “El adiós trambólico al 2015

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