Sueño

El sueño te acoge como una manta, cubre tu cuerpo como si no hubiera día ni noche, solo el tiempo entre despertar y estar despierto.

Nadie entiende esto, solo piensan que es eso, un largo y profundo sueño. Que es septiembre, lunes, que la vuelta al trabajo ha sido tan dura, que las clases no van como todos piensan, que no te apetece ver caras conocidas.

Solo es sueño, te dices mientras intentas levantar de la cama.

Mas en tu interior sabes que hace mucho que dejó de ser sueño.

El último sueño

[Era verano y el galán de noche estallaba en el patio. El dulzor empapaba el aire y se posaba sobre las pestañas que, vencidas, caían lentas a cada parpadeo . Las palabras escritas se mezclaban con la conversación que transcurría alrededor de la mesa, como un amasijo de ficción que envolvía a todos los presentes. La brisa de la noche parecía venir de otro tiempo que era, a la vez, mejor e irreal. Se preguntó si siempre se sentiría lejos. Si estaba condenada a ser una extrajera perpetua en su propia casa, como una maceta mal trasplantada, nunca pudo echar raíces.

Aquella casa era una isla de la que ni siquiera había considerado marcharse. Era una prisión sin cadenas cuya puerta no existía. Un laberinto de recuerdos. Seguía en la terraza, escuchando las voces, las palabras que no deseaba discriminar, mientras hundía la nariz entre las páginas del libro y sorbía restos de agua a través de un mechón de pelo que estaba endurecido y sabía a cloro.  Las voces se fueron alejando hacia el interior de la casa.

Escuchó su nombre, varias veces, lo ignoró. Colocó los talones sobre la silla en la que estaba sentada y se abrazó las pantorrillas mientras sus pupilas devoraban más y más líneas. Su piel desprendía calor y sudaba crema solar.Leer más »

Vivir en sueños

Escucho el zumbido de tu adorada moto fuera de casa y sé que te acercas. Un extraño sentimiento de desprecio hacia aquel infernal ruido me atraviesa de pies a cabeza, pero no sé decir porqué. Me visto deprisa y voy al cuarto de baño sin dejar de pensar en ti.

Te he observado tantas veces desde la ventana de mi cuarto que no es difícil imaginar lo que estás haciendo en este momento. Te imagino frenando frente a mi casa, te bajas de tu moto relajado, confiado, seguro de ti mismo, te quitas el casco y encaminas tus pasos hacia mí.

Me termino de secar el pelo con una toalla pequeña de forma frenética, siempre me impaciento cuando te escucho llegar y acabo corriendo escaleras abajo. Esta vez no es diferente, el corazón me da un vuelco… Es como si se detuviera un instante y después reanudara su marcha. Respiro de forma entrecortada, lo sé, así que intento tranquilizarme, pero inevitablemente la anticipación me puede.

La puerta de casa se abre y ahí estás… con el casco de la moto en una mano. Te pasas los dedos por el pelo de forma descuidada y dejas el casco y las llaves de la moto en la mesa de la entrada. Lo haces de forma mecánica, pausada, sin prisas, como un ritual que ya has repetido mil veces.Leer más »