Los hombres que no iban a morir

El día que Guzmán Rojas iba a morir amaneció soleado.

Era una buena señal, pensó, no porque esperara evitar a la muerte ni porque creyera en los presagios, sino porque lo último que vería cuando su cuerpo besara la tierra sería un cielo despejado. Que triste habría sido morir un día de lluvia.

Cualquier otro habría pensado que lo verdaderamente triste de morir un día de lluvia no habría sido la lluvia, sino morir, pero a Guzmán le gustaba disfrutar del lado bueno de las cosas, y hasta una muerte tenía su lado bueno.Leer más »