El marido de la mujé dehcarsa

—¡Señora! ¡Señora, buenos días! ¡Señora!

Ahí estaba Bernardo. ¡Vaya horas! Ana María pulsó el botón del mando a distancia para parar la reproducción del vídeo y se levantó lo más rápido que le permitieron sus fuerzas de la silla. Últimamente el reúma no le estaba dando ni una tregua. Bernardo siempre tenía el don de la oportunidad. Al menos ahora estaba viendo un capítulo grabado y podía pararlo. Pero no sería la primera vez que le fastidiaba el final de ‘La ruleta de la suerte’ o la parte de los cotilleos de ‘El Programa de Ana Rosa’. De todos modos, no le diría nada al respecto. Debía de llevar un buen rato llamando al timbre, como siempre. Ni siquiera se había enterado hasta que le escuchó vociferar. Quizá era verdad eso que le decían sus nietos de que tenía la televisión muy alta.

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