Hielo

Nota del autor: este relato es un “contraataque” al corto Lava de Pixar. Conste, además, que el primer hámster del autor se llamaba Hielo. Deseo que estéis pasando todos unas felices navidades.

Hielo

Nigardsbreen, este era el nombre del brazo más imponente de aquel enorme glaciar. Una sinuosa lengua de hielo con un tono blanco-azulado que descendía desde lo alto de la cordillera hasta dar con un gran lago cuyo color me resultó muy llamativo, como… distinto. Su agua era más turquesa de lo habitual, más pura. Conforme nos acercábamos a aquella enorme mole de hielo, yo me daba cuenta de que aquel paisaje tenía algo de misterioso. Había vida en aquel lugar inhabitable. Estar allí era como estar en otro mundo.

Ascendimos, equipados con los crampones, por el frente de Nigardsbreen y nos íbamos adentrando en otro mundo. Rodeados de formas alucinantes, casi indescriptibles, avanzábamos a paso lento, no tanto por la incomodidad de caminar sobre el hielo, como porque la belleza del paisaje nos obligaba a parar constantemente. Yo iba con mis padres y mi hermano mayor, todos atados y siguiendo las instrucciones en noruego que daba el guía a todo el grupo. No me enteraba de nada, solo miraba a mi alrededor y me asomaba por todos los agujeros y las grietas que había en mi camino. Pensaba que haría más frío en aquel lugar, pero yo tenía calor. Mi madre me había abrigado demasiado, así que me desabroché un poco la chaqueta. Pero seguía teniendo calor. Recuerdo que mi padre me decía que si paraba quieto, no pasaría tanto calor. No le hice caso, era imposible para mí. Necesitaba acercarme a todas partes. Poco a poco me fui desabrochando, sin darme cuenta de que mi arnés, que no estaba bien apretado, se iba aflojando también. Nadie se dio cuenta. Yo estaba muy lejos del guía y mi familia no podía quitar la vista del paisaje.

En un momento determinado, en mitad de la ruta, escuché algo. Era muy tenue, no podía reconocerlo, pero me sonaba como un murmullo, como una canción. Creí identificar de dónde provenía y me acerqué a aquel gran agujero de un hielo azul intenso, que me llamaba. Yo aún no podía escucharlo bien, así que me acerqué más. Estaba completamente absorto, intentando ver algo ahí dentro, por eso me sorprendió escuchar a mi padre, enfadado, que me decía algo. Traté de reaccionar rápido, pero mis pies tropezaron con el arnés que ya se me había caído completamente, y acabé precipitándome por aquella obertura en el hielo. Mientras me deslizaba por aquella inclinada pendiente. Ahora me puedo imaginar la cara de mis padres al verme desaparecer y escuchar al guía decir que era prácticamente sobrevivir para un escalador experto así que, mucho menos para un niño de diez años.

Cuando dejé de escucharles, toqué suelo y ya apenas entraba luz. Estaba solo, completamente rodeado de un hielo durísimo, condensado a altas presiones y, en ese momento sí, con frío. Rápidamente busqué mi teléfono móvil de última generación y encendí la linterna. Lo que vi entonces me dejó sin palabras y puede ser el mayor espectáculo de la naturaleza que pueda contemplar jamás. A mis lados se levantaban unas inmensas paredes de un azul intensísimo que se perdían hacia arriba. Estaba dentro de una caverna de hielo y, delante de mí, había un sendero muy estrecho, pero que era mi única opción. Así que avancé por los túneles internos del glaciar mientras aquel rumor que había empezado a escuchar en el exterior se había vuelto un nítido canto y cada vez podía escucharlo con mayor intensidad.

Los aparatos electrónicos, a bajas temperaturas descargan sus baterías a enorme velocidad, de manera que, en pocos minutos, mi teléfono murió y todo volvió a convertirse en oscuridad. Pero para ese momento, el camino se había vuelto a ensanchar y decidí continuar hacia adelante hasta que se me acostumbraron los ojos y comencé a vislumbrar de nuevo algunas formas en el hielo. Percibía algo de claridad, pero apenas era un ligero brillo a través del hielo. El agua goteaba por todos aquellos túneles y caía sobre mi chubasquero. Cada vez estaba más mojado y tenía más frio. pero aquella canción… no entendía lo que decía, pero, en realidad, sí la entendía. Quiero decir que no sabía qué idioma era, pero era alguien muy triste quien la cantaba y lo hacía con el corazón.

Los glaciares son enormes moles de hielo que caen por la montaña muy lentamente. Su evolución es casi imperceptible, pero van evolucionando constantemente y su hielo se va renovando. Hay hielos que han podido permanecer millones de años dentro del glaciar, y otros que se derriten en apenas unas horas y es un misterio lo que ha podido congelarse con ellos y cuándo el frente los acabará liberando. Mis padres deseaban que a mí me devolviera pronto y pudieran enterrar mi cuerpo. Hubo expediciones para tratar de rescatarme con vida, pero el hielo en algunas zonas de esa pendiente era demasiado débil y quebraba al recibir el peso de un adulto sobre él. Tardaron varias horas en descender y allí no encontraron nada. Solamente un suelo muy húmedo y quebradizo y un sendero demasiado estrecho como para que pudieran pasar.

Yo, mientras tanto, había logrado salir al exterior, pero no sabía dónde estaba. Escalando a través de la morrena lateral, volví a subirme al glaciar y vi que me encontraba en la parte alta en la parte más alta de aquella lengua. Probablemente hubieran pasado dos o tres horas desde que me perdí. Pero no veía a nadie y, cuando, inconscientemente, traté de ponerme de puntillas para ganar unos pocos centímetros, resbalé de nuevo y volví a caer a la zona lateral por la que había subido. Descubrí, entonces, un nuevo sendero que parecía la continuación del que, hasta entonces, había seguido. Almorcé el bocadillo que llevaba en la mochila y continué por aquel nuevo túnel en el que ya no goteaba agua, seguramente porque habría menos de cero grados centígrados.

Este túnel, al contrario que el anterior, era muy ancho y luminoso, pero parecía adentrarse en lo más profundo de aquel glaciar. Allí encontré algo que muy pocos seres humanos han podido ver: su corazón. Esa era la fuente de todos aquellos lamentos. El corazón del glaciar era el centro de aquel brazo, un lugar donde el hielo alcanzaba tal presión que lograba un azul brillante, iridiscente, que iluminaba toda la gruta. Y cantaba. Yo entendía perfectamente su llanto, estaba solo, separándose cada vez más de los demás brazos y destinado a morir conforme su hielo descendía, alejándose más y más de su amor.

Hace años, Nigardsbreen era un brazo mucho más largo de lo que es hoy y llegaba a juntarse con otro, situado unos kilómetros más al sur. En aquella glaciación, ambas lenguas descendían por los valles de las montañas y, al final de su camino, volvían a unirse para morir abrazados y fundir sus hielos, que se mezclaban en varios ríos que recorrían Noruega hasta llegar al océano.

Yo estuve en el corazón de aquel glaciar varios miles de años después de que se separaran por última vez. No podía hacer nada para ayudarle. Solo me salieron unas frías lágrimas en los ojos y comencé a acompañar su canto, dirigido a Dios para que algún día puedan volver a estar juntos. Me acerqué a aquel mágico corazón de hielo y, con la inocencia de un niño que solo quiere ayudar, le di un beso, antes de seguir mi camino. Os juro que, en ese momento, pude sentir su calor. Es difícil de creer, lo sé, pero también es para mí imposible de olvidar.

La senda se fue inclinando y comencé a ascender, hasta que, de nuevo, volví a salir al exterior, pero el paisaje era muy distinto. Todo a mi alrededor era hielo a lo largo de kilómetros y kilómetros. No sabía dónde ir, me había adentrado en el circo de aquel enorme glaciar, el lugar del que salían decenas de brazos como Nigardsbreen. Podrían ser ya las cinco de la tarde. Debía volver a casa, así que decidí desandar camino y volver por la misma gruta, pasando, de nuevo por el melancólico corazón que seguía cantando con más fuerza desde nuestro encuentro.

Cuando pasé de nuevo junto a él, le hice la promesa de que haría lo que pueda por juntarlo a su amor. Continué bajando por el interior de la lengua hasta que encontré la salida junto a la morrena. Trepé de nuevo por el glaciar y fui bajando por el hielo hasta que un grupo de expedición me vio y me ayudó a descender hasta el frente del glaciar, donde me esperaba un compañero suyo que me llevaría al refugio. Aprovechando ese momento, me bebí toda el agua de la botella hasta que la vacié y la rellené con hielo de Nigardsbreen. En el refugio estaban mis padres esperándome. Los dos, llorando, se abalanzaron sobre mí y me abrazaron con tanta fuerza y entre tantos sollozos, que me agobiaron bastante. Varios días después, más calmados, me explicaron cómo se habían sentido.

Yo simplemente les pedí un favor. A la mañana siguiente, montados los cuatro, de nuevo, en el coche, viajamos al frente de aquel otro brazo del glaciar y nos acercamos al río proveniente del deshielo de esa lengua. Una vez en la vera del río, destapé mi botella y la vacié en el agua corriente, que viajaba a gran velocidad. Apenas lo hice, una leve, aunque imborrable sonrisa de satisfacción apareció en mi rostro y sentí que una brisa me golpeaba con suavidad al pecho. Nigardsbreen también lo había sentido y sus cantos ya no inspiraban melancolía, sino agradecimiento.

El viaje familiar continuó sin más incidentes y no fue hasta varios años después, cuando empecé a darme cuenta de todo lo que había significado ese viaje y esa caída para mí y también para mis padres. Ahora mismo, al recordar todo lo sucedido, solo puedo pensar que tengo que volver a ese lugar y visitar de nuevo al solitario corazón del glaciar. Pero no lo voy a hacer. Aquello fue una locura que cometí con diez años y fue un milagro que sobreviviera. Volver a llegar hasta allí sería demasiado peligroso. Además, el glaciar se ha transformado desde entonces, quién sabe cómo será ahora, dónde estará el corazón de Nigardsbreen y cómo se llegará hasta él.

Un comentario en “Hielo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s