El amor de su vida

Luis está sentado en la mesa de siempre. La de la esquina. Le gusta mirar la gente que entra y sale y, desde allí, puede ver todo el bar. Siempre le ha hecho gracia la habilidad de Juan para esquivar a aquellos que entra con la idea de no consumir.

En este momento llega un muchacho de unos veinte años, y por el “Está estropeado” del hostelero, Luis da por hecho que la idea de este no era más que la de pasar al baño.

—¡Eres increible, Juan!

—¡Es que son unos ´pesaos! El servicio de la facultad estará asqueroso, y salen todos de clase directos para mear en el bar —contesta el camarero. Acerca a Luis a la mesa la infusión y la tostada.

—Bueno, si tú lo dices —sonríe. Coge el plato que le tiende su amigo.

—Es la verdad, Luis. Tuve que poner el cartel en la puerta del baño por ellos. Estos universitarios están más tiesos que tú y que yo, y lo poco que tienen se lo gastan en la cervecita del viernes al salir. El resto de días, entran y salen de balde.

Juan vuelve a la barra y Luis se recluye en el silencio de su tostada de mantequilla y su brebaje. Está nervioso. No puede evitar ver como le tiemblan las manos mientras se acerca la rebanada de pan a la boca.Leer más »