Un héroe mediático

Apenas se atisban unos rayos de sol en el horizonte y Álvaro espera en la parada del autobús, cansado de su monótona existencia y su horrible trabajo. Ese es verdaderamente el problema, piensa mientras acerca la tarjeta al lector y busca asiento. Su vida sería muy agradable si su jefe no lo explotara. Sin embargo, se siente egoísta, mira alrededor y descubre el vehículo repleto de caras soñolientas y miradas entrecerradas pero atentas a las pantallas de sus teléfonos móviles. La vida de ninguno de sus acompañantes le parece, a primera vista, apasionante. Álvaro no es ni más ni menos que la gente corriente. Se considera del montón, uno más, pero eso le repugna. Él tiene aspiraciones, quiere ser alguien. ¿Pero quién? Es muy temprano y la dificultad de la pregunta le hace abandonar sus pensamientos y sacar su teléfono para integrarse con el resto del autobús y pasar desapercibido hasta llegar al trabajo. Nota que se le van cerrando los ojos. No le importa; lo ha hecho muchas veces y sabe que se despertará mucho antes de llegar a su parada.Leer más »

Anatomía de un ramo de flores

Es curioso comprar un ramo de flores. Para empezar, para alguien como yo, es casi imposible de elegir cuando se compran para alguien como tú. Llegas a la tienda sin saber muy bien qué quieres, ni para qué. Pero concienciado de que no importa qué precio tenga el ramo, mientras sea el más grande y bonito. Le preguntas a la encargada que qué puede ser lo mejor para alguien así y así, y ella te acaba enseñando toda la tienda. Al final comprendes que en el amor el tamaño no importa, que es mejor la sencillez, y que vale más una carta de tu propio puño y letra, que unas flores de oro. Y al final, sales de allí con un ramo clásico variado.

De pronto, atraes la atención de todo el mundo.  Y la mayoría sonríe con los ojos brillantes. Con ciertas diferencias entre hombres y mujeres. Muchos hombres parece que sonríen como diciendo “Seguro que la has cagado, y vas a intentar un clásico”, otros sonríen hacia dentro, pues les acaban de recordar que hubo una época en que ellos también hacían esas cosas, y ahora volverán a hacerlo. Las mujeres se sorprende más, y sonríen con más picardía, como si fuese un divertido y anticuado acto romántico, o como una chispa de esperanza de que aún existe el romanticismo. Puedo ver cómo en sus ojos se representan escenas, arrodillado, felicitándote por nuestro aniversario, presentándome en tu puerta para sacarte a cenar en una ocasión especial. Ninguna parece pensar que no hay más razón que la de intentar hacer tu día al menos un poquito más feliz.Leer más »

Mi futuro

—Te he dicho que no quiero que vengas —dijo Bea violentamente.
—…
—Claro que de verdad. No —alargó la o en señal de que se le acababa la paciencia No voy a morirme de hambre. Es una mala racha simplemente.
—…
—No me llames Beatriz, que sabes que lo odio.
—…
—Mamá, voy a colgar. No quiero que vengas. No quiero que te preocupes. Hace ya mucho que os dije que era autosuficiente. Que era yo quien iba a controlar mi futuro. Que no os necesitaba. ¡Dejadme en paz!

Bea colgó el teléfono y respiró con dificultad. Se había alterado demasiado y necesitaba sentarse. El asma cada vez le afectaba más, y ya incluso le costaba respirar cuando subía las escaleras hasta su casa. Anduvo despacio hasta el baño y se miró al espejo. Diez años hacía que se había quitado los piercings y aun así, se le seguían notando. La señal de la nariz era casi imperceptible, pero la ceja y el labio permanecían cortados a pesar del tiempo que había pasado. Echaba de menos sus piercing. Le gustaba llevarlos, pero cuando se independizó pensó que para encontrar trabajo serían una traba, y tuvo que dejarlos como parte de su historia.Leer más »

Miguel, rey del corral

Miguel era un chico muy especial, destinado a grandes cosas.

Ella lo sabía, Carmela había hecho todo lo que estaba en su mano para que el hijo de su querida Francisca saliera adelante, fuera feliz. En el fondo, ella sabía que las cosas eran mejor así, que aunque sus padres hubieran huido a Francia al destetar al niño, todo era más sencillo de esta manera.

Carmela tenía poco dinero, pero en los años previos a la guerra, había logrado pagar un colegio de curas para el pequeño. Después de todo, su familia tenía dinero. Sí, había tenido que vender la casa de su marido, pero no le importaba. Mejor un buen colegio que habitaciones vacías, en silencio.

Se mudaron al corral de vecinos de la calle San Vicente cuando el niño tenía cinco años. Ya por aquel entonces, Miguel hacía o decía cosas raras. A nadie le importaba, si tenemos que ser sinceros. Era un niño muy hermoso. Hasta las madres dejaban sus tareas para asomarse a verlo jugar a la pelota.

Porque él siempre jugaba a la pelota. Siempre. Y el resto de niños no tenían más remedio que seguir sus indicaciones. Era su líder, su capitán. No en vano, Carmela había elegido el nombre de Miguel, el rey de los ángeles.Leer más »

Motor oxidado

De los tantos problemas que en nuestro mundo existen y que siempre existirán, sino iguales, parecidos, pues  para que el mecanismo de nuestra sociedad funcione se precisa de ellos, hay uno en concreto que considero ligeramente más importante. Al menos desde el lugar desde el cual yo miro, que es la perspectiva de lo que no se ve salvo gracias al sentido aparentemente irracional del instinto y las emociones. Hablo desde un punto de vista práctico, y si fuera otra la situación en la que nos encontráramos, tal vez daría mayor importancia al problema que puede suponer la supervivencia. Pero, dado que nuestra supervivencia biológica está asegurada gracias a la realidad que habitamos, y no solo eso, sino que se prolonga durante más años que en cualquier otra época de la humanidad conocida, el asunto que me inquieta hoy es la calidad de esa supervivencia. El no solo existo en este mundo y es la inercia la corriente que me mantiene con vida; sino que vivo, siendo la vida considerada como algo más que una simple ocupación del espacio e interacción pasiva con el entorno.

No hay forma concreta ni palabra única para definir el problema al que refiero, ni tengo necesidad o interés alguna en buscarla ni categorizarla; pero, henchido por el sentido práctico y limitado por las trabas de nuestra cognición y lenguaje ante la expresión de conceptos ligeramente abstractos, intentaré resumir el problema en base a algunas palabras como son el arte, cultura, sedentarismo, estímulos, impulso, muerte del alma.Leer más »

Esperanza

La vida me susurra que deje de creer en ti. Los hechos en mi existencia casi me convencen de que no existes. La pérdida y el sufrimiento te hacen parecer un invento mal elaborado, mal pensado por la humanidad… Es en estos días, en los que dudo de ti, cuando mi risa se esconde como si no supiera salir a flote, mis ojos se humedecen con facilidad y los recuerdos se acumulan en mi mente sin dejarme pensar con claridad. Pero aún así sé que existes, que estás ahí en algún lugar, sé que el sol regresará, sé que volveré a narrar mi vida con una sonrisa y la gente se sorprenderá. Porque, ¿cómo puede esa chica contar todo eso con ese gesto de felicidad? Bueno, yo siempre he pensado que lo hago con tu ayuda… Pero oye, esperanza, no te hagas de rogar, deja de ocultarte y sal. Necesito creer en ti aunque sea una vez más.

Ceniza verde

«Hay que inyectarse cada día con fantasía para no morir de realidad» Ray Bradbury

Su cuerpo se agitaba y se retorcía de manera violenta sobre la cama.

—¿Cuántos días hay en una hora?¿Cuántas veces? ¿Cuántas…? Las vidas. El tiempo que no pasa. Ciegos. Sordos. Sin memoria. 

—Alicia. —Notó el paño húmedo sobre la frente—. Alicia, estás bien.

—Una oruga gorda y verde. Fuma billetes y escupe el humo frente a una extraña concurrencia. Uno de esos seres sonríe sin tregua y mantiene sus ojos, cargados de locura, fijos sobre el dinero. Otro asiente y aplaude cada exhalación densa y maloliente que cubre su rostro. La mayoría tirita. Encogen los hombros y agachan la cabeza. Sin detener su temblor. Pero todos están frente al horrible monstruo, respirando el aire sucio de ceniza verde. Nadie se marcha. Leer más »

No

(Este relato posee contenido sexual explícito)

Era la única palabra que sabía, debiera haber dicho hace ya demasiados años. A los demás y, sobre todo, a sí misma.

Hoy, cuando recuerda aquella etapa de ingenuidad y niñez, le asaltan dudas sobre si, aparte de lo que sabe que siente con seguridad, existe algo más. Algo que se niegue a admitir por rechazo a lo que fue de ella durante algún tiempo. Y es que por muy cándida que se mostrara a ojos de otros, su mente viajaba por derroteros ya explorados cuando aún guardaba juguetes en el armario.

Ahora lo sabe. La prisa que la invadió por probar aquello que no le correspondía, la inmadurez de sentirse madura, el latido de más abajo y las ganas de explotar la hicieron lanzarse de un precipicio muy alto. El paracaídas estaba de más. Y del golpe resultó un dolor más intenso a largo plazo de lo que jamás pensó.

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