Abel, Abel, Abel

“Cuando sea mayor de edad me iré de casa” se repetía Abel desde los doce años. Sus padres nunca le habían pegado ni maltratado, simplemente sentía que no encajaba en aquel lugar.

Era hijo único, de modo que todo el cariño o desidia que tuvieran sus padres hacia él no podía ser repartido. Y era lo segundo. Claro que, Abel, nunca deseó tener hermanos. Pero no como quien no desea algo que no conoce, sino como aquel que odia una idea. Sus padres le habían enseñado a no desear nada, ni siquiera lo que se tiene.Leer más »

El último sueño

[Era verano y el galán de noche estallaba en el patio. El dulzor empapaba el aire y se posaba sobre las pestañas que, vencidas, caían lentas a cada parpadeo . Las palabras escritas se mezclaban con la conversación que transcurría alrededor de la mesa, como un amasijo de ficción que envolvía a todos los presentes. La brisa de la noche parecía venir de otro tiempo que era, a la vez, mejor e irreal. Se preguntó si siempre se sentiría lejos. Si estaba condenada a ser una extrajera perpetua en su propia casa, como una maceta mal trasplantada, nunca pudo echar raíces.

Aquella casa era una isla de la que ni siquiera había considerado marcharse. Era una prisión sin cadenas cuya puerta no existía. Un laberinto de recuerdos. Seguía en la terraza, escuchando las voces, las palabras que no deseaba discriminar, mientras hundía la nariz entre las páginas del libro y sorbía restos de agua a través de un mechón de pelo que estaba endurecido y sabía a cloro.  Las voces se fueron alejando hacia el interior de la casa.

Escuchó su nombre, varias veces, lo ignoró. Colocó los talones sobre la silla en la que estaba sentada y se abrazó las pantorrillas mientras sus pupilas devoraban más y más líneas. Su piel desprendía calor y sudaba crema solar.Leer más »

Esta va por ti.

−Esta va por ti, papá, −piensa Andrés, subido en el podio de la piscina. La jueza de salida va a dar, de un momento a otro, el pitido de salida para la prueba final de la prueba de doscientos metros mariposa del Campeonato Nacional de Natación. Andrés está sereno, sabe que debe estarlo para que todo salga bien. Es una prueba de velocidad y cada detalle cuenta. –Vas a estar orgulloso de mí, te lo prometo.

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