Presentación «La libertad de un gorrión», de Javier Pavón

Imagina, por un momento, que un día despiertas sin saber dónde estás, cómo has llegado hasta ese lugar ni por qué estás ahí. Imagina que descubres que ese lugar es la Cárcel del Pensamiento que George Orwell diseñó para su novela 1984 y que tu única compañía es un compañero de celda al que no conoces de nada. Imagina que eres un escritor en busca de un cambio en su carrera. Imagina que nada es lo que parece y que tu mundo, de repente, da un giro inesperado de ciento ochenta grados y la amistad adquiere un nivel completamente nuevo en tu vida. Imagina la peor de las torturas, y luego imagina que hay algo aún peor.

Leer más »

Familia

Summary: Thomas no pensaba viajar ese verano. Su único pensamiento consistía en comenzar sus vacaciones tirado en el sofá con una cerveza bien fría y una película en la televisión. Pero cuando recibió aquella llamada de Mario, invitándolo a pasar una temporada en su pueblo, ni siquiera pudo negarse. Hacía seis meses que no se veían y Thomas aún necesitaba respuestas sobre la repentina marcha de su socio, cuando había manifestado en incontables ocasiones su desagrado por volver a su pueblo.

Thomas no sabía qué se iba a encontrar al bajar del avión, pero nada pudo prepararlo para encontrarse con un Mario completamente diferente al que conocía. Continuación de En las buenas y en las malas y Sonrisa.Leer más »

Sonrisa

Summary: Sandra no pensaba robar un coche aquel día. Había planeado ese día desde hacía meses, el día en el que Mario, su mejor amigo, volvería a fijarse en ella. Por eso, cuando su madre les dijo que se había ido no dudó en cometer una locura con tal de traerlo de vuelta.

Sandra no pensaba robar un coche aquel día, pero tampoco estaba dispuesta a perder a Mario, su mejor amigo. Momento perdido de En las buenas y en las malas.Leer más »

Bienvenido al tren del silencio

Cuando Silvia tenía cinco años, había dicho a sus padres que quería viajar en trenes. No pintarlos, no limpiarnos, no conducirlos; viajar. Le gustaba el ruido que hacían. Ellos sonrieron al escucharlo. Su madre nunca le hacía mucho caso, aunque siempre le peinaba los rizos con esmero. Ella no tenía y sabía que era un signo de buena familia. “Tú tendrás que serlo”.

El padre de Silvia, Tomás, entraba cada noche en casa dando besos de hollín a su mujer, a Silvia y a su hermana. Cuando la niña cumplió los ocho años, ya solo se los daba a su única hija, algunas veces. “Tú no tuviste la culpa, deja de llorar ya, que no le haces bien a nadie” le había dicho su madre varias veces, “Cuando es de Dios, es de Dios, hija”.

Tomás tosía tanto, que el médico le dijo que así no podía trabajar, que no podía casi respirar. Silvia recordaba cómo su padre había entrado en su casa aquella noche que no vino de la mina sino del médico. Su camisa de los domingos y de ir a la Casa Socorro estaba manchada de sangre. “Ahora también me rompo por dentro cuando toso” gritó a su mujer al abrazo de Silvia.Leer más »