Fin al terror, adiós a las brujas.

La semana del terror de L’as cagao Lorrie Moore llegó a su fin ayer domingo, uno de noviembre, culminando así siete días de textos llenos de imágenes oscuras, miedo y todos los elementos que configuran este género. Cada día, uno o dos de los chicos de la Generación Trambólica subió un relato o un poema con una temática terrorífica para homenajear el Día de los Muertos y esa celebración que, de un modo u otro, ha acabado globalizándose: Halloween. ¿Quieres saber cómo ha sido esta semana desde dentro de las entrañas del blog literario más trambólico? ¡Quédate con nosotros!

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La flor de Suecia

«A la memoria de Manuela. R, asesinada en Galway el 9 de Octubre de 2007»

A veces se vive y a veces, a veces solo se muere.

Flotaba como un lirio. Sobre el agua. Con los ojos abiertos de par en par y la piel cubierta de verdín. Nunca podría contar nada, pero el terror quedó imprimado en sus ojos, transparentes de muerte. Ellos contarían su historia. La del collar violáceo que adornaba, ahora, su cuello.

Lili estaba de vacaciones. Pasó dos días sin parar de sonreír. Con los labios y con la mirada, la de niña aprendiendo a ser mujer. Porque tenía edad de ser ligera, esa en la que la madurez aún no se había instalado sobre sus hombros. Todo un verano en el extranjero. Para aprender idiomas, sí, y para vivir aventuras. Quizás, incluso, para enamorarse. Puede que lo viera una o dos veces antes. Perdido entre el gentío. Puede que fueran más, pero no se percató. Siguió con su alegre correteo bajo la lluvia veraniega. Cada esquina representaba un horizonte nuevo. Cada bocanada una nueva versión de libertad. El brillo del momento le impedía ver que la acompañaba una sombra.Leer más »

Desde las alturas

Te miro. Y a ti, y a ti, y a ti también.

Os observo desde las alturas.

Y desde aquí no podéis ganar. Nunca ganaréis, siempre moriréis.

Sólo sois personas, personas muy pequeñas.

Cuando os unís hacéis grandes cosas, pero no podréis con nosotras.

Porque cuando tú duermes, yo vigilo. A ti, sí, a ti.

Y me río de tus pesadillas, porque soy yo quien aparece.

No existe el más allá ni el más acá. Sólo existo yo.

La soberbia de las criaturas de la noche,

la soberbia de quien controla la ciudad desde las alturas.

Una serpiente que volaba y le cortaron la cabeza.

Yo soy más alto que su dios

y por eso construisteis una iglesia debajo de mí.

Y ahora sólo me queda vigilar la ciudad, de noche.Leer más »

El estudiante de Salamanca

Era más de media noche,

antiguas historias cuentan,

cuando en sueño y en silencio

lóbrego envuelta la tierra

los vivos parecen muertos,

los muertos la tumba dejan.

Era la hora en que acaso

temerosas voces suenan

informes, en que se escuchan

tácitas pisadas huecas,

y pavorosas fantasmas

entre las densas nieblas

vagan, y aúllan los perros

amedrentados al verlas;

En que tal vez la campana

de alguna arruinada iglesia

da misteriosos sonidos

de maldición y anatema

que los sábados convoca

a las brujas a su fiesta.

El estudiante de Salamanca, José de Espronceda

Esta noche, la ciudad de Salamanca se encuentra más oscura, más tétrica. Los ancianos recomiendan a sus nietos que no salgan de sus casas. El recuerdo de una época pasada aterroriza a los habitantes de esta ciudad normalmente tan viva y joven. Pero en noches tan oscuras como esta, a los más sabios les asalta la imagen de Félix de Montemar, aquel emblemático estudiante que murió sucumbido por la oscuridad tras vivir la experiencia más terrorífica que un ser humano puede sentir en vida.Leer más »

Lectura terrorífica en Casa Tomada

No podríamos estar más contentos. Y todo es gracias a vosotros.

Hemos tenido tanto éxito con la Semana del Terror de L’as cagao Lorrie Moore, que hemos decidido hacer una lectura en Sevilla de varios de nuestros relatos. Será el viernes 30, a las 18:30, y el lugar elegido no es cualquiera, será en Casa Tomada (Calle Muro de los Navarros 66), la librería y escuela de escritura más trambólica de Sevilla. No podríamos hacerlo en cualquier parte.

En esta lectura participarán nuestras trambólicas Adriana Tejada, Lidia Rodríguez y Esperanza Fernández, que leerán textos suyos y de otros compañeros que participan en L’as cagao Lorrie Moore. ¡Qué mejor representación de nuestro blog! Pero como leer nuestros textos nos parece demasiado aburrido queremos invitaros a que lo hagáis con nosotros. Si tenéis cualquier cuento, relato, poema, microrrelato, diálogo o cualquier historia de terror, queremos que lo leáis con nosotros. Sí, sí, para ti también. Solo tienes que estar allí para poder leer, así que no puedes faltar a esta lectura terrorífica.

#LecturaTrambolica

Si queréis más información entrad en el Evento de Facebook e invitad a toooodos vuestros amigos. Y ya que estáis seguidnos en nuestras redes sociales eh!

Os esperamos el viernes. ¡Únete a los trambólicos!

Dolor de uñas

A Sook Yun le dolían las uñas. A sus treinta y tres años, se sentía vieja. Del mismo modo que se había sentido vieja a los veintidós, cuando se descubrió celulitis en los muslos, o a los veintiséis, con aquella maldita cana. El continuado uso de zapatos de tacón alto le había pasado factura a los dedos de sus pies, provocándole un dolor agudo e insoportable bajo las uñas. Por culpa de eso, su primera noche en Bangkok había acabado antes de lo que esperaba.

Yoon y Ha-Neul habían pasado de sus súplicas de volverse al hotel, en aquellos momentos debían de estar restregándose con algún tailandés bronceado. Había sido así desde que habían bajado del avión. Ahora Sook Yun volvía sola al hotel, con los sencillos zapatos de cuña beige en una mano y el bolsito colgando de la otra.

Aún a aquellas horas de la madrugada, los puestos de comida rápida emanaban nubes de olores picantes y dulces, aprovechando el hambre enajenada de la treintena de viandantes que deambulaba por allí. La avenida peatonal estaba techada con hileras de farolillos de papel rojo. Pero, tras quién sabe cuántas noches de borrachos y vándalos, la mayoría colgaban, rotos y desgarrados, o se esparcían por la calzada. Sólo unas pocas bombillitas seguían brillando tras el papel, proyectando escasos retazos de luz carmesí.

Una persona llamó la atención de Sook Yun. Caminaba en su mismo sentido, unos metros por delante de ella. Se tambaleaba de un lado a otro, arrastrando las piernas. Sus brazos colgaban a sus costados, y su cabeza se meneaba de un lado a otro. En un principio, le resultó cómico y penoso. Un pobre borracho solitario deambulando por una zona de marcha no era nada inusual.Leer más »

Mi sombra.

Acababa de llegar a casa de mis padres. Mis superiores en el cuartel me habían notado ansioso, irritable y preocupado; por lo que me habían concedido un permiso temporal.

Era de noche y hacía horas que no veía a… Mi sombra. Sí, por muy raro que sonara, ella me había dejado, ahora era independiente a mí y me acechaba sigilosa para atacarme. Yo lo sabía, lo sabía bien. Sin embargo, hacía horas que había dejado de verla… ¿Había sido todo una paranoia mental? ¿Lo único que tenía que hacer era volver a casa para recuperarme? Quizás todo había sido fruto de una locura temporal.

Mis padres ya estaban dormidos. Miré detenidamente mi habitación. Las paredes blancas me reconfortaron de una manera inexplicable. En mi hogar estaría seguro. Aquí no me pasaría nada.

Necesitaba dormir, llevaba días sin hacerlo. Llevaba días vigilando mí alrededor en busca de la sombra que me acechaba. Debía descansar. Me puse ropa cómoda y me recosté sobre mi cama. Deslicé el cuchillo, que había cogido de la cocina, bajo la almohada. El olor de las sábanas me recordó una vez más que estaba en casa. Pensé que simplemente se trataba del suavizante floral que utilizaba mi madre para lavar la ropa, pero es que hasta ese detalle me decía que entre estas cuatro paredes estaría a salvo. No obstante, no quise buscar mi sombra, no quería tentar a la suerte. No me encontraba lo suficientemente fuerte como para enfrentar que algo no cuadrara.

Le di al interruptor de la pared que me quedaba a la altura de la rodilla y la luz se apagó. Tome aire y lo solté con lentitud. “Relájate, todo ha pasado”, me dije a mí mismo aferrado a mi cuchillo. Me concentré en dejar sin fuerza cada músculo de mi cuerpo. Empecé por las piernas y fui subiendo. Pronto, mis ojos se cerraron y el sueño llegó.Leer más »