Mi Querido Diario

Apenas recuerdo ya su cara. El frío me envuelve cuando lo intento, pero más porque en mi personalidad está el establecer poderosos vínculos con quien sea capaz de confiar en mí, que por un sentimiento amistoso real.

¿Quién soy? No es necesario que tenga un nombre realmente, aunque me solían, y me suelen llamar: Querido Diario.

A diferencia de para vosotros, para mí el nombre no es algo importante. Lo que es importante respecto a mí es lo que una vez llevé dentro: toda una serie de aventuras, secretos, mentiras, lágrimas, algo de alcohol y hasta babas de perro… Y sobre todo, una sucesión de inconfesables sucesos escritos a sangre fría. Aunque tal vez la sangre no sea el fluido corporal más exacto para la metáfora, pero utilizar el que sería apropiado podría resultar grosero, y eso es algo que no se puede permitir algo tan exquisito como yo. Nada menos que un tomo de edición muy limitada.

Afortunadamente, todo eso ya pasó. Estoy limpio. Y ahora mi interior solo se llena con letras bonitas que dibujan viajes a otros mundos, paisajes que quitan el sentido, poemas que emocionarían al diario de Lorca y proyectos, muchos proyectos tachados, y otros aún por tachar.

El cambio fue gracias a ella. Decidió justo a tiempo saltar de aquel barco que se hundía en mitad de la tormenta y arrancó de mis entrañas todas esas páginas escritas con letra irregular y renglones torcidos, como si se hubiesen garabateado en estado de ebriedad pero sin el como. Y si no lo estaba, lo fingía. Debido a esto ahora soy más delgado, más fino, pero también más ligero. Libre de la culpa, del remordimiento y de la impotencia que durante meses retorció mis solapas.

Y por eso, me siento capaz de abrir mis páginas y mostrar esa historia tatuada en mi piel.Leer más »