La bestia

Cada día sucedía al anterior con una monotonía perversa. Tenía pensamientos que duraban segundos y otros duraban semanas. En la oscuridad de mi celda nada me mostraba el avance del tiempo, nada que no fuera el palpitar de mi corazón y mi respiración agitada.

En el lago negro era cautivo desde hacía tiempo. Había sido traicionado y desterrado, había sido engañado para poder  ser encadenado hasta el fin de los días.

Había sido un cachorro como otro cualquiera y mi pecado había sido crecer grande y fuerte, crecer tanto y tan rápido que los déspotas se sintieron amenazados por mi fuerza. Por lo que algún día podría llegar a hacer.Leer más »