¿Podría ser ella?

Repartiendo ingredientes sobre una fina masa, me preguntaba qué estaba haciendo con mi vida. Me veía casi en el mismo punto que estaba meses atrás, solo que más frustrado e impotente. A mi lado, en el lugar inmediatamente anterior y casi hombro con hombro, estaba Isabella. Ella amasaba las bases y yo las rellenaba y las metía directamente al horno. Llevaba varios años trabajando en la pizzería, prácticamente desde que llegó de Colombia enamorada de un español bastante mayor que ella. Vivían juntos y, aunque él trabajaba de comercial en una gran empresa, ella no había querido sentirse como una mantenida y trabajó “de-lo-que-sea” desde que llegó. Habíamos salido de copas alguna vez, siempre en grupo, pero no hablábamos demasiado. Tremendamente atractiva, guapa y de pechos enormes, era la sensación cada vez que nos reuníamos fuera del trabajo. Inevitablemente la mirábamos todos. A mí me resultaba bastante violento a veces y era capaz incluso de esquivarla por no tener un momento incómodo.

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