Transparente

Nadia se despertó con un fuerte pinchazo en la planta del pie. Se incorporó de un salto con un aullido alarmado. Las pisadas urgentes de su madre por el pasillo culminaron cuando abrió de una brazada la puerta de su habitación con un histérico “¿Qué? ¿Qué tienes, qué te pasa?”. Nadia tranquilizó a su madre, “Nada, ha sido una pesadilla, no te preocupes”. Ella la miró con cara compungida desde el marco de la puerta. Dudó un segundo, pero luego se acercó a la cama y besó rápidamente la frente de Nadia. Su hija apretó los labios y le dio las buenas noches. Permaneció tensa escuchando las pisadas de vuelta por el pasillo y sólo se relajó cuando hubo escuchado la puerta cerrarse.Leer más »