Monster

Cogió el pequeño dispositivo del suelo y se lo llevó a la nariz. El calor de un procesador más el de unas manos concentradas.

Se había tenido que marchar precipitadamente, dejando aquello atrás, pero no sería capaz de alcanzarla. Eso lo tenía claro, ya estaba muy lejos. Aunque la aleación metálica aún conservara trazas del calor de su sangre.

Se rascó el codo, allí donde empezaba a crecer el pelo. Le quedaban pocas horas. Las cuatro casillas vacías le miraban desde la pantalla, esperando una combinación exacta de cifras para desvelarle su vida o su muerte. Cuatro cifras del 0 al 9. Tan finitas y tan imposibles. Las células recorrían su médula espinal con cada bombeo imparable del corazón, a sólo cuatro cifras de desaparecer. Apretó el cuadro del dispositivo hasta que crujió y lo soltó espantado.

Se agarró la muñeca, siendo apenas consciente de la fuerza que crecía en sus tendones. Siguió la estela casi visible de olor a lilas hasta el exterior de las instalaciones, el cielo naranja le recibió. Un atardecer menos. Y una noche más.

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