El último sueño

[Era verano y el galán de noche estallaba en el patio. El dulzor empapaba el aire y se posaba sobre las pestañas que, vencidas, caían lentas a cada parpadeo . Las palabras escritas se mezclaban con la conversación que transcurría alrededor de la mesa, como un amasijo de ficción que envolvía a todos los presentes. La brisa de la noche parecía venir de otro tiempo que era, a la vez, mejor e irreal. Se preguntó si siempre se sentiría lejos. Si estaba condenada a ser una extrajera perpetua en su propia casa, como una maceta mal trasplantada, nunca pudo echar raíces.

Aquella casa era una isla de la que ni siquiera había considerado marcharse. Era una prisión sin cadenas cuya puerta no existía. Un laberinto de recuerdos. Seguía en la terraza, escuchando las voces, las palabras que no deseaba discriminar, mientras hundía la nariz entre las páginas del libro y sorbía restos de agua a través de un mechón de pelo que estaba endurecido y sabía a cloro.  Las voces se fueron alejando hacia el interior de la casa.

Escuchó su nombre, varias veces, lo ignoró. Colocó los talones sobre la silla en la que estaba sentada y se abrazó las pantorrillas mientras sus pupilas devoraban más y más líneas. Su piel desprendía calor y sudaba crema solar.Leer más »