El Silencio del Algodón

La noche que su marido murió, Seema se vistió de blanco. Seema no lloró durante el funeral, pero lloró luego, cuando terminó de limpiar y purificar el hogar de su esposo. Sólo lloró una vez, y ya no lo hizo más. No cuando abandonaba su sari favorito, de seda granate, azul y naranja, en un cajón de la casa. No cuando guardaba las joyas de boda de su difunta madre junto con las joyas de la familia de su esposo. No mientras su bruñido pelo negro caía sin vida al suelo. Ni siquiera cuando consiguió tragar que no volvería a ver a sus dos hijos varones, a los que su abuela no permitió verla marchar.

Seema se despidió junto con su marido del color; se convirtió en un ser blanco, un objeto sin pronombre. Seema dejó atrás la casa de su esposo, se marcó la frente con ceniza y se marchó para siempre de su vida.

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