La liebre con la tortuga

Cuando vio a la tortuga recibiendo el premio de la Gran Carrera, y siendo manteada por todos los animales del bosque, la liebre se marchó a casa arrastrando los pies. Allí en su pequeña madriguera estaban su mujer Mamá liebre y sus tres liebrecitas. Al contarle lo ocurrido, Mamá liebre se puso muy furiosa.

—¡Te reíste de la pobre tortuga! Podrías haber ganado, pero fuiste arrogante, y ahora hemos perdido el dinero del premio. ¿Cómo van a comer y vestirse ahora nuestros hijos?

Al oír esas palabras, todo el orgullo desapareció en el corazón de liebre, que muy triste, respondió.

—Hablaré con la tortuga, le pediré disculpas y le explicaré nuestra situación. Es una tortuga humilde, seguro que nos ayuda.

Y con esa idea en mente, la liebre fue arrastrando los pies hasta la morada de la tortuga. Al llegar a la puerta dio un brinco de asombro. Antes su casa estaba entre unas raíces secas, pero ahora tenía un árbol entero para ella. Una ardilla muy elegante y estirada, le detuvo con una mano en la puerta.

—El Rayo Verde ya no firma autógrafos.

—Ardilla, soy yo, ¡liebre! El Rayo Azul. Vengo a hablar con tortuga.

—El Rayo Azul… ¡Ah!… sí —dijo sin mucho entusiasmo—. Pasa.Leer más »