Él y Ella

Summary: Para ellos, San Valentín era un día cualquiera. Él camina hacia el baño y ella hacia la cocina. Él se afeita con parsimonia. Ella bebe un café bien cargado. Él no ha dormido. Ella tampoco. Son ya muchos años desde que se conocieron; no había necesidad de exaltar en un día todo cuanto se confesaban diariamente. Pero quizás y solo quizás…

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Para ellos, San Valentín es un día cualquiera.

El despertador suena puntual como cada día: el ruido estridente del metal cascarillado que no los deja soñar inunda la habitación; y las sábanas se enfrían ante cada nuevo grito de aquel aparato.

Él gruñe. Ella suspira.

Mientras los demás disfrutan del calor de la complicidad de las telas, y por qué no, del desayuno en la cama servido con el amor y la sonrisa de una caricia del ser querido; él camina hacia el baño y ella hacia la cocina.

Sin roces.

Sin caricias.

Ni tan siquiera una mirada que rompiese el ritmo de aquella monotonía tan estudiada. Después de tantos años juntos no había necesidad de exaltar en un día aquello que ya expresaban todos los demás.

Él se afeita con parsimonia. Ella bebe un café bien cargado.

Él no ha dormido. Ella tampoco.

Son ya muchos años desde que se conocieron. Son ya muchos años desde que se declararon. Son ya muchos años desde que compartieron su vida.

Él se viste con un traje de chaqueta. De fondo, ella enciende la televisión para escuchar las noticias de la mañana. Pero solo se escuchan programas del corazón con su recordatorio del día de los enamorados: flores, tarjetas, bombones… Son solo publicidad, son solo fachada.

Ella suspira. Él gruñe.

El tiempo hace carrera con las manecillas del reloj mientras cada uno se pierde en sus pensamientos. Él sabe que ella le tendrá lista una taza humeante de café para cuando termine. Y ella sabe que tendrá que volver a colocarle el nudo de la corbata.

Como cualquier San Valentín.

Como cualquier día.

La puerta de su apartamento se cierra y él se queda quieto. Se deja caer sobre aquel muro invisible en forma de puerta que se cierne entre los dos. Y suspira. El blanco pasillo en total silencio y la luz del ascensor parpadeando con sus pensamientos.

Algo no estaba bien aquel día.

Él había bebido su café, ella le había puesto bien la corbata. Él se había despedido de ella con un beso en la mejilla; y ella le había devuelto una sonrisa. Aquella era su seña especial, su rutina desde que tenían uso de razón. Pero hoy se sentía completamente vacía.

Se conocieron en su más tierna infancia. Por azares del destino un 14 de febrero. Ella era una niña tímida, pero cuya sonrisa resaltaba el brillo de sus ojos azules como el océano. Él era un año mayor, pero pequeño y asustadizo al que siempre se le rompían sus gafas. Aquel día ella lloraba: se había caído y su rodilla sangraba. Aquel día él lloraba: se había roto nuevamente sus gafas.

Y fueron sus ojos los que lo hipnotizaron.

Ya no importaban sus gafas o el seguro regaño de su padre. Ya no importaban sus miedos o su actitud retraída. Él solo quería ver el brillo de aquella sonrisa en sus ojos.

—No llores. Te lanzaré un hechizo para que se te cure la herida.

No fue más que una cosa de niños, un simple instante en aquel parque un 14 de febrero que los marcó para siempre. Él cantó su hechizo y ella selló su contrato con un beso en su mejilla.

Como cada 14 de febrero desde entonces.

Como cada día desde entonces.

Pero hoy no estaba. Esa luz que lo enamoró, ese brillo que lo selló. Hoy, su sonrisa no se reflejaba en sus ojos. Él se maldijo mentalmente por ser tan estúpido. San Valentín no significaba nada, era tan solo un día más. Pero quizás y solo quizás…

De repente, una sonrisa recorre sus labios. Pero quizás y solo quizás…

Se da la vuelta, decidido, y se enfrenta al alto muro de madera. No le importa, no le asusta, no le detiene. Abre la puerta de improviso y la busca. La sorpresa en los ojos de ella. El resquicio del brillo del mar en ellos.

No hacían falta palabras, no hacían falta regalos. San Valentín no era más que un día cualquiera. Pero a veces estaba bien dejar llevar.

Corre hacia ella y la levanta en brazos. La besa sin avisar. Fuerte, voraz, imperioso. La necesita, la quiere. Y ella se aferra a él en respuesta. Lo besa demandante. Dulce, suave, cómplice. Lo necesita, lo ama. La sonrisa de ambos lo sabe: esa noche saldrían a cenar y harían el amor sin pensar en el mañana.

Porque eran amigos.

Porque eran amantes.

Porque sonaba de fondo la canción “Te amo” de Umberto Tozzi.

Porque eran simplemente…

Él y ella.

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Escrito por Alegría Jiménez

2 comentarios en “Él y Ella

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