Domingo sin resaca y con jaqueca

―Este fin de semana me bajo al pueblo, que tenemos fiesta allí.

―Espero que lo pases muy bien. Y no bebas demasiado, Natalia, que tú a veces te pasas, sobre todo cuando vas a casa.

―No, hombre, Luis, que el lunes hay que volver a las clases y tengo que volverme la noche anterior. Bueno, y corregir y… Vamos, que ni loca entro con los de tercero a primera hora con algo de resaca. Sería la muerte.

―Sí, la verdad es que no apetece. Bueno, disfruta mucho. YoLeer más »

Sentado en la Alameda

Olía a mar. Paco no recordaba por qué había salido a la calle en una mañana como aquella. Cádiz en enero era muy fría, y más aún cuando te encontrabas cerca del paseo marítimo. Podía haberse quedado con la estufa encendida dentro del piso, viendo la repetición de cualquiera de las sesiones del carnaval que tenía grabadas en VHS. Más de una estaba gastada de las veces que las había visto. Las de los años de sus primeros premios sobretodo.

Estaba en la calle con su viejo cuaderno y un boli casi gastado. Buscando, entre olas y viento, las musas que le hiciesen juntar un par de letras para el grupo de ese año. Podría escribir de alguno de sus viajes, de cualquiera de sus últimas experiencias, o del nuevo alcalde de Podemos, que seguro que era un tema que no iban a tocar demasiado.

Leer más »

La amistad.

11265030_10206901355438168_1612941719789893661_n[1]

Es en estos momentos malos, en los que la tierra te ha tragado, cuando se disipa el misterio de quienes sólo fueron el río que pasó momentáneamente por tu lado y quienes son el mar que permanece en su lugar… Quizás el mar es más difícil de descifrar, sus olas a veces aparecen y otras tantas tardan en resonar con toda su inmensidad. Pero son esas las aguas que siempre vuelven, porque a pesar de la distancia o el tiempo, son las que continuamente están.

Una semana repleta de amor

Hoy es el gran día, catorce de febrero, el día de los enamorados y del romanticismo, pero en nuestro blog hemos experimentado una semana completa llena de pasiones, lágrimas, añoranzas y felicidad.

Si os habéis pasado por aquí, no habréis podido evitar enamoraros del olor a azahar que desprende «Candela«, que es sur y se hizo río, que se abrió para no cerrarse nunca más y se dio a sí misma. Lidia nos llevó dentro de ella, con sus palabras dulces y sensoriales, que se cuelan por los poros para hacerte tocarlas y rasparte los sentidos. Nos llevó no a conocer a Candela, sino a vivirla.

Seguro que sonreísteis con «Él y Ella«, mientras la rutina de cada día transcurría y os bebíais un café y escuchabais de fondo los programas del corazón hablando de San Valentín. Apuesto que sentisteis el pequeño pellizco en el estómago cuando él se da la vuelta, para hacer trizas la monotonía. Alegría sabe como mantener viva la magia cuando todo parece devorado por el día a día. Siempre hay un hueco para el amor sin caducidad.Leer más »

Poema XX, desde otra orilla

La distancia y el tiempo son los mejores conductores para la melancolía. Tenía una colección de recuerdos, uno para cada hora. Un arsenal de nostalgias con las que esperar. Hojas sin márgenes y arena esparcida en el pelo. Era cuanto quedaba. Y, de entre todo ello, un poema y un mechero, que llegaron con un susurro desde otra orilla. Desde la playa al otro lado del océano, navegaron sus ecos, reverberando contra las rocas, grintando y agitando versos en la memoria.Leer más »