La joyita Tomarés.

Pedro era (pues ya no lo es) el “niño pródigo” de la familia Tomarés.

Había terminado sus estudios de ingeniería química en Madrid, y su Máster en Chemical Research por la University of London con una calificación que le colocaba en los primeros puestos de las listas curriculares. Antes de que cerrase su maleta en Inglaterra para volver a España a plantear su futuro, el banco Santander se adelantó a ofrecerle uno. Por lo visto, ciertas ecuaciones de este tipo de ingeniería eran muy similares y útiles para la banca, especialmente para un nuevo sector llamado confirming, donde querían incorporarle. Con veinticuatro años, Pedro Tomarés ya tenía su propio despacho, ganaba seis mil euros al mes e iba al trabajo con una corbata distinta cada día. Ah, y además era (pues ya no lo es) guapo, o handsome, como él decía.

Se convirtió en el orgullo de los Tomarés. Toda la familia se abrió cuentas en el Santander, donde recibían un trato especial. Y como el trabajo le tenía tan ocupado que ya casi nunca podía asistir a las reuniones familiares, siempre se reservaba una parte de las comidas, entre el aperitivo y el plato principal, en la que solo se hablaba de él. De lo inteligente que era, el futuro que le esperaba (la abuela Luche incluso decía que llegaría a ser Presidente) y lo guapo que salía en sus selfies.Leer más »