La última niña perdida (parte II)

Segunda parte de la historia de Aline, que puedes encontrar en el blog personal de la autora: Los fuegos fatuos.

El día era todo luz, azul como no lo había sido desde más tiempo del que podía condesar su memoria, años que mascaba entre muela y muela. Abrió la ventana y dejó que entrase el cielo en la habitación. Tiritó. El frío le abrasó las mejillas pero eso no la detuvo. Se sentó en el alféizar con los pies por fuera y estiró los brazos en un movimiento que nacía desde sus clavículas. Tenía que ser pájaro. Encerrar al tigre que la dominaba y ser libre. Dibujó en la mente los colores que tendría su plumaje, los paisajes que sobrevolaría, sola, sin Peter, sin nadie.

—¿Puedo jugar?

Aline dejó de batir sus alas invisibles al notar las manos del chico en su cintura.

—No.

—¿Por qué?

Ignoró su pregunta y formuló otra.

—Parece que hoy estás de muy buen humor, ¿no es así?

Él sonrió y arrugó la nariz, en un gesto que guardaba sólo para hacerla sonreír. Imitó sus anteriores movimientos alrededor de ella. Subía y bajaba los brazos envolviéndola en un círculo de miradas gruesas.

—¿Así se juega?
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