Cantimplora

Nota de la autora: este poema en prosa  está inspirado en ‘La mujer mayúscula y el mar’, de Zahara, y en la película irlandesa de animación llamada ‘Song of the Sea’, dirigida por Tomm Moore.

***

Dicen que sus padres necesitaban, por aquel entonces, ayuda en estos campos, y que ella les ayudaba, claro. Que se le agrietaban y abrían las manos y la espalda desde el mediodía, como tierras huecas que piden ayuda a gritos templados y baldíos. Las cosechas se reflejaban en sus ropas manchadas y rotas.

Dicen que se pasaba las tardes de cultivo escondida en el barreño, si las circunstancias la dejaban tranquila, provocando olas domésticas con sus piernas.

Dicen que su piel era demasiado resbaladiza para la casa en la que había nacido.

Dicen que pausaba su vida creyendo que las nubes eran islas de vapor, y que en el océano del cielo seguro que nadie moría con la hoz en las manos ni con los pies sangrando. Que las enfermedades no existían si se podían limpiar con torrentes salados.

Dicen que renegaba de las bestias siempre que su padre se lo permitía, porque le parecían huidizas, mentirosas y cobardes. Que una vez la encontraron mascullando entre dientes y encías que ella sí que se atrevería a volver al lugar de donde ellos habían salido corriendo, corriendo hacia la firmeza de la superficie. Superficie de aquellos que no recuerdan de dónde vienen.

También dicen que la comida no le llamaba lo suficiente la atención como para tener hambre al terminar la jornada; que se quedaba más y más flaca con el paso de las horas.

Dicen que los hombres y las mujeres que separaban la vista del suelo se clavaban en el sitio por el reflejo de sus ojos de coral, pero que ella estaba demasiado ocupada oliendo el suelo mojado cuando llovía, abriendo la boca a las gotas otoñales, con nostalgia agridulce.

Dicen que tenía el pecho líquido y que el matrimonio siempre se le resbaló sin que arraigase. Que no aguantaba los oficios religiosos y polvorientos sin tener los pies metidos en agua.

Dicen que una vez tuvo piernas.

Pero ella, ya ajena a todo, cuando asoma la cabeza más allá de los navíos y del continente, contemplando la bahía desde la espuma y las aguas serenas, vuelve a sumergirse en lo profundo, en lo azul casi negro, diciéndose que escogió bien.

Que aquella tierra nunca fue suya.

2 comentarios en “Cantimplora

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s