El borrón de tinta

Me desperté muy temprano, miré por la ventana y había amanecido hace poco. El cielo aún no era azul del todo. Me dolía la espalda, cosas de dormir en el sofá, probablemente; pero es que la cama ya no me daba tregua. Subí las escaleras sin hacer ruido, pese a estar sola en casa. Claro que en un caserón así de viejo nunca se está sola del todo, ¿no? En un acto reflejo me iba a mirar en el espejo del baño. Me volví a medio camino, no estaba segura de si había llegado a ponerlo aún. Puede que esta casa fuera más vieja que mis seis hermanos y yo juntos, pero para mí, que la acababa de comprar, aún era nueva; todo estaba por estrenar. Todo excepto, claro está, la cama. Me lo habían advertido los de la inmobiliaria, pero no me pude resistir, tan grande, con un dosel de seda blanco y ese cabecero con ángeles tallados me conquistaron. Me sentía como una princesa. Todo eso fue antes de las pesadillas, ahora ni podía dormir ni me sentía como una princesa. Aquella figura sin apenas definir, borrosa, tal vez hombre tal vez mujer, me perseguía. Se convirtió el dormir en mi mayor miedo.Leer más »

Desde las alturas

Te miro. Y a ti, y a ti, y a ti también.

Os observo desde las alturas.

Y desde aquí no podéis ganar. Nunca ganaréis, siempre moriréis.

Sólo sois personas, personas muy pequeñas.

Cuando os unís hacéis grandes cosas, pero no podréis con nosotras.

Porque cuando tú duermes, yo vigilo. A ti, sí, a ti.

Y me río de tus pesadillas, porque soy yo quien aparece.

No existe el más allá ni el más acá. Sólo existo yo.

La soberbia de las criaturas de la noche,

la soberbia de quien controla la ciudad desde las alturas.

Una serpiente que volaba y le cortaron la cabeza.

Yo soy más alto que su dios

y por eso construisteis una iglesia debajo de mí.

Y ahora sólo me queda vigilar la ciudad, de noche.Leer más »

El estudiante de Salamanca

Era más de media noche,

antiguas historias cuentan,

cuando en sueño y en silencio

lóbrego envuelta la tierra

los vivos parecen muertos,

los muertos la tumba dejan.

Era la hora en que acaso

temerosas voces suenan

informes, en que se escuchan

tácitas pisadas huecas,

y pavorosas fantasmas

entre las densas nieblas

vagan, y aúllan los perros

amedrentados al verlas;

En que tal vez la campana

de alguna arruinada iglesia

da misteriosos sonidos

de maldición y anatema

que los sábados convoca

a las brujas a su fiesta.

El estudiante de Salamanca, José de Espronceda

Esta noche, la ciudad de Salamanca se encuentra más oscura, más tétrica. Los ancianos recomiendan a sus nietos que no salgan de sus casas. El recuerdo de una época pasada aterroriza a los habitantes de esta ciudad normalmente tan viva y joven. Pero en noches tan oscuras como esta, a los más sabios les asalta la imagen de Félix de Montemar, aquel emblemático estudiante que murió sucumbido por la oscuridad tras vivir la experiencia más terrorífica que un ser humano puede sentir en vida.Leer más »