Lectura terrorífica en Casa Tomada

No podríamos estar más contentos. Y todo es gracias a vosotros.

Hemos tenido tanto éxito con la Semana del Terror de L’as cagao Lorrie Moore, que hemos decidido hacer una lectura en Sevilla de varios de nuestros relatos. Será el viernes 30, a las 18:30, y el lugar elegido no es cualquiera, será en Casa Tomada (Calle Muro de los Navarros 66), la librería y escuela de escritura más trambólica de Sevilla. No podríamos hacerlo en cualquier parte.

En esta lectura participarán nuestras trambólicas Adriana Tejada, Lidia Rodríguez y Esperanza Fernández, que leerán textos suyos y de otros compañeros que participan en L’as cagao Lorrie Moore. ¡Qué mejor representación de nuestro blog! Pero como leer nuestros textos nos parece demasiado aburrido queremos invitaros a que lo hagáis con nosotros. Si tenéis cualquier cuento, relato, poema, microrrelato, diálogo o cualquier historia de terror, queremos que lo leáis con nosotros. Sí, sí, para ti también. Solo tienes que estar allí para poder leer, así que no puedes faltar a esta lectura terrorífica.

#LecturaTrambolica

Si queréis más información entrad en el Evento de Facebook e invitad a toooodos vuestros amigos. Y ya que estáis seguidnos en nuestras redes sociales eh!

Os esperamos el viernes. ¡Únete a los trambólicos!

Dolor de uñas

A Sook Yun le dolían las uñas. A sus treinta y tres años, se sentía vieja. Del mismo modo que se había sentido vieja a los veintidós, cuando se descubrió celulitis en los muslos, o a los veintiséis, con aquella maldita cana. El continuado uso de zapatos de tacón alto le había pasado factura a los dedos de sus pies, provocándole un dolor agudo e insoportable bajo las uñas. Por culpa de eso, su primera noche en Bangkok había acabado antes de lo que esperaba.

Yoon y Ha-Neul habían pasado de sus súplicas de volverse al hotel, en aquellos momentos debían de estar restregándose con algún tailandés bronceado. Había sido así desde que habían bajado del avión. Ahora Sook Yun volvía sola al hotel, con los sencillos zapatos de cuña beige en una mano y el bolsito colgando de la otra.

Aún a aquellas horas de la madrugada, los puestos de comida rápida emanaban nubes de olores picantes y dulces, aprovechando el hambre enajenada de la treintena de viandantes que deambulaba por allí. La avenida peatonal estaba techada con hileras de farolillos de papel rojo. Pero, tras quién sabe cuántas noches de borrachos y vándalos, la mayoría colgaban, rotos y desgarrados, o se esparcían por la calzada. Sólo unas pocas bombillitas seguían brillando tras el papel, proyectando escasos retazos de luz carmesí.

Una persona llamó la atención de Sook Yun. Caminaba en su mismo sentido, unos metros por delante de ella. Se tambaleaba de un lado a otro, arrastrando las piernas. Sus brazos colgaban a sus costados, y su cabeza se meneaba de un lado a otro. En un principio, le resultó cómico y penoso. Un pobre borracho solitario deambulando por una zona de marcha no era nada inusual.Leer más »

Mi sombra.

Acababa de llegar a casa de mis padres. Mis superiores en el cuartel me habían notado ansioso, irritable y preocupado; por lo que me habían concedido un permiso temporal.

Era de noche y hacía horas que no veía a… Mi sombra. Sí, por muy raro que sonara, ella me había dejado, ahora era independiente a mí y me acechaba sigilosa para atacarme. Yo lo sabía, lo sabía bien. Sin embargo, hacía horas que había dejado de verla… ¿Había sido todo una paranoia mental? ¿Lo único que tenía que hacer era volver a casa para recuperarme? Quizás todo había sido fruto de una locura temporal.

Mis padres ya estaban dormidos. Miré detenidamente mi habitación. Las paredes blancas me reconfortaron de una manera inexplicable. En mi hogar estaría seguro. Aquí no me pasaría nada.

Necesitaba dormir, llevaba días sin hacerlo. Llevaba días vigilando mí alrededor en busca de la sombra que me acechaba. Debía descansar. Me puse ropa cómoda y me recosté sobre mi cama. Deslicé el cuchillo, que había cogido de la cocina, bajo la almohada. El olor de las sábanas me recordó una vez más que estaba en casa. Pensé que simplemente se trataba del suavizante floral que utilizaba mi madre para lavar la ropa, pero es que hasta ese detalle me decía que entre estas cuatro paredes estaría a salvo. No obstante, no quise buscar mi sombra, no quería tentar a la suerte. No me encontraba lo suficientemente fuerte como para enfrentar que algo no cuadrara.

Le di al interruptor de la pared que me quedaba a la altura de la rodilla y la luz se apagó. Tome aire y lo solté con lentitud. “Relájate, todo ha pasado”, me dije a mí mismo aferrado a mi cuchillo. Me concentré en dejar sin fuerza cada músculo de mi cuerpo. Empecé por las piernas y fui subiendo. Pronto, mis ojos se cerraron y el sueño llegó.Leer más »