Otoños, domingos, muertes.

El cigarro se consumía en el alfeizar de la ventana, abierta, a través de la cual entraba esa amenaza de frío que llega a mediados de Octubre y que te avisa de lo que aún está por llegar. Era domingo, bueno, en realidad aún es domingo. Es hoy, esta historia es de hoy. El cigarro se consume en el alfeizar mientras escribo, tapado con una manta y la ventana abierta. ¿Que por qué tengo la ventana abierta y estoy tapado con una manta? Pues quizás porque quiero que el aire me dé en la cara, que me demuestre que sigo vivo, porque en realidad necesito que alguien o algo lo haga.

Es domingo y lo odio, pero no creo que lo odie como siempre he odiado los domingos, sino más bien de otra manera. Lo odio de verdad, sabiendo que aunque este día tenga un final, mañana seguiré con la misma sensación de nada que se ha instalado en mi cuerpo y no sale. Y encima es domingo. Nada que hacer, nadie con quien hablar, ningún sitio a dónde ir. Es por esto que los folios y los bolígrafos y yo montamos una pandilla para los domingos  y algunos días de entre semana que se disfrazan de ellos.Leer más »