Porque la luz no entiende de distancias

En  Lyon nadie teme a la lluvia

a tres grado bajo cero

he visto volar bicicletas bajo el frío,

nadar a contrarreloj

a peatones sin abrigo en los océanos

que inundan las aceras.

Y adorar al silencio

como el crío que llama a gritos a su madre

o como las hojas del suelo

que levantan su vuelo sin pedir permiso

a los árboles.

En Lyon nadie muere de aguacero en París,

como César Vallejo,

porque aquí los poetas naufragan

en vagones de metro

llenos de españoles con acento francés,

hasta algún lugar de su propio país.Leer más »