Las despedidas son grises

Summary: Una estación, dos jóvenes, dos trenes, dos destinos, un adiós. Siempre había sido blanco o negro, pero esta vez, el color que los rodeaba era gris. 

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— Te voy a echar de menos — te digo. Tú simplemente sonríes al viento con expresión culpable.

Nuestras maletas descansan a nuestros pies y nuestras manos ruegan por no separarse nunca. Pero deben hacerlo.

Te envuelvo en un abrazo que tú me correspondes, pero no estás. Tu mente vaga por alguna parte, intentando rehuir la realidad: nos tenemos que separar.

Recojo mis maletas del suelo y te miro por última vez. Tus gafas, tu pelo despeinado, tus ojos que tristes y apagados chocan con los míos aguados. Fuerzo una sonrisa, aunque solo tengo ganas de dejar correr mis lágrimas.

Nos observamos por última vez: ninguno quiere marcharse. Casi sin pensar, nos damos la vuelta a la vez. Mi tren espera por mí en la vía 8, mientras que el tuyo lo hace en la 9. Dos máquinas que se enfrentan por ver quién es la primera en separarnos, en alejarnos el uno del otro.

De repente siento tus brazos. Tu cuerpo se abraza al mío en un vano intento por mantenernos unidos. Me aprietas contra ti, mi espalda contra tu pecho, el frío de mi cuerpo tembloroso contra la calidez protectora del tuyo.

— Te amo. No lo olvides — me susurras con tu aliento en mi cuello. Siento la humedad de tus lágrimas en mi piel. Es la primera vez que te veo llorar.

Te separas de mí y, de un movimiento, me haces voltear hacia ti. Las fuerzas me abandonan ante la intensidad de tu mirada. Y entonces me besas. El dulce sabor de tus labios que tanto voy a extrañar, la suavidad de ese roce que tanto voy a anhelar, mi corazón que late por el tuyo y que no volveré a escuchar.

Te alejas de mí. Lento, suave. Te miro, me miras. Tu mano se acerca a mi rostro y acaricia mi mejilla, mi nariz, mis labios. Juguetea con un mechón de mi pelo hasta dejarlo reposar detrás de mi oreja. Y con una última sonrisa, te das la vuelva y subes a tu tren.

Me subo al tren con un torrente de lágrimas en mis ojos. Me siento al lado de la ventana. Te percibo a ti colocando tus cosas y sentándote junto a la ventana. Me ves, te veo. Me sonríes, te sonrío. Pones tu mano abierta en el cristal y yo te imito.

— Te quiero — susurras.

— Te quiero — susurro.

Las puertas del tren se cierran. Las del tuyo también. Ya no estamos en el andén, ya no estamos juntos. Ahora, mi tren comenzará a moverse en una dirección y me alejará completamente de ti. Porque tu tren va en dirección contraria.

Se acabó.

Lo han conseguido: nos han separado.

Sabemos que no es para siempre. Sabemos que son solo unos meses. Pero las despedidas son tristes.

Mi tren es blanco y el tuyo negro. Y las despedidas son grises.

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Escrito por Alegría Jiménez

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