Cuentos sin contar

La Torre

«La casa era un misterio. Un misterio de color lavanda. Podías subir a lo alto de la torre. Recorrer la piedra retorcida en busca de las promesas. Pero allí ya no había ninguna princesa con el alma en vilo. Se agotó de esperar. Se consumió en el silencio de los ecos sordos. Las luces se fueron apagando, una a una. Desaparecieron. Y al final, solo quedó oscuridad. Dejó su torre vacía sin esperar a nadie en su camino. Se marchó porque los sueños no saben abrazar.»

Firmado: Peter

«Wendy, lo siento. Lo intenté. Encontrar el camino, volver. No podré pagarte las noches a solas. Dormida en la ventana cuentas estrellas con el dedo. Y yo no llego.

No quería ver tu espera, jugué a que no existías. Me dolía cada centímetro que crecías, porque cada uno te separaba más y más de mí. De nosotros. Me dolía cada soplo que apagó velas y años perdidos.

Me hirió tu vestido blanco, el arrastrar de la cola, cada horquilla que sujetó tu velo. Cada una me dolía. Me dolieron tus hijos. Los dedales que rodaron por tu boca y que no eran míos. Me dolía mi sombra que se escapaba para buscarte, para no perder la pista de tus cuentos.

Nunca he vuelto a escuchar otro cuento. Me recuerdan demasiado a tus pestañas, entornadas y a media asta, recorriendo ávidas las páginas blancas.

¿Me odias? Yo me odio por no tener valor para quererte. Por encerrarme en mi mundo de piratas y sirenas. En mi mundo de juegos y de no crecer. No crecer. No crecer es no querer a nadie nunca.

Tenía miedo. Lo tenía por los dos. Miedo a sufrir y miedo a ver la decepción de no ser suficiente en tu rostro a diario. A no ser suficiente. Miedo a tus sueños y a mis carencias. Miedo, Wendy.”

 

Valor

«No mirar atrás. Cambiar el abanico por la espada y caminar. Sin mirar atrás. Sacar el valor de las manos que no saben moverse. Los dedos finos que no pueden sujetar el peso de las decisiones. Pero no volverá atrás.

Aprenderá a tensar el arco, cambiar la tetera por la flecha. A no llorar. Los guerreros no lloran, no preguntan, no sangran. Luchar y vivir. Aprenderá a no tener miedo, a esconderlo en las costillas astilladas y en las heridas de los nudillos. Cambiará la seda por la armadura.

Fuerza y valor. Para no ser descubierta. Los secretos pesan más que el hierro sobre la cintura. Solo por amor. Para demostrar que sí podía hacerlo. Salvarlo. Dejarle vivir el resto de vida a quien le dio la suya.

Seguirá hacia delante. Sin pensar en lo que deja atrás, y se repite: “Luchar. No volver nunca la vista. Luchar.”

 

 

Macarena Miranda Cordero

2 comentarios en “Cuentos sin contar

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